Cecilia Leiva Arangua
Poeta adicto al portal
DOS HOMBRES Y UNA MUJER
Hace un tiempo no muy lejano,
llegaron dos hombres
a la vida de una mujer,
que le estremecieron el alma y todo su ser,
ellos tenían algo en común, la forma de mirar
que a ella la hacía vibrar,
cada uno le entregaba lo que ella tanto necesitaba,
mas, con ninguno estaba.
Las tardes se le hacían breves,
pues ellos se internaban en sus pensamientos
y siempre se preguntaba,
con cual de los dos se desbordarían sus sentimientos,
pero el tiempo era implacable,
como nubes ellos se desvanecían
y ya sólo vivian en sus recuerdos,
poco a poco sus rostros se fueron perdiendo,
en su mente se diluían como reflejos en el agua,
a ella lo único que le quedaba,
era el amor que por ellos sentía.
Oh dos hombres en su vida y aún pasa sola sus días,
recordando cada uno de sus encuentros,
que eran cataclismos en su alma y en su cuerpo
y ahora pasa sus días recordando aquellos momentos,
donde era mecido su corazón,
con cada palabra, con cada mirada, con cada sonrisa.
Oh si pudiera revivir una sola caricia,
para no olvidar que un día quiso amar
y su corazón quiso entregar,
pero el tiempo se encargó de alejarlos de su vida
y ahora aquí va, caminando sola cada uno de sus días.
Hace un tiempo no muy lejano,
llegaron dos hombres
a la vida de una mujer,
que le estremecieron el alma y todo su ser,
ellos tenían algo en común, la forma de mirar
que a ella la hacía vibrar,
cada uno le entregaba lo que ella tanto necesitaba,
mas, con ninguno estaba.
Las tardes se le hacían breves,
pues ellos se internaban en sus pensamientos
y siempre se preguntaba,
con cual de los dos se desbordarían sus sentimientos,
pero el tiempo era implacable,
como nubes ellos se desvanecían
y ya sólo vivian en sus recuerdos,
poco a poco sus rostros se fueron perdiendo,
en su mente se diluían como reflejos en el agua,
a ella lo único que le quedaba,
era el amor que por ellos sentía.
Oh dos hombres en su vida y aún pasa sola sus días,
recordando cada uno de sus encuentros,
que eran cataclismos en su alma y en su cuerpo
y ahora pasa sus días recordando aquellos momentos,
donde era mecido su corazón,
con cada palabra, con cada mirada, con cada sonrisa.
Oh si pudiera revivir una sola caricia,
para no olvidar que un día quiso amar
y su corazón quiso entregar,
pero el tiempo se encargó de alejarlos de su vida
y ahora aquí va, caminando sola cada uno de sus días.
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