elena morado
Poeta que considera el portal su segunda casa
Luis, para que vuelvas a leer dos poemas de la que más te gusta (después de mí. no hay emoticono que exprese la cara que tengo, tengo mucha cara). Y mucha libertad, que mi trabajo me ha conseguido ganármela (venía a editar este gazapo pero así se queda). La libertad hay que trabajarla todos los días.
Dos poemas para mí magistrales, el primero duro, tremendamente duro, pero tremendamente bueno, y el segundo se sale en la última estrofa, me parece simplemente una genialidad,
Pero es que esta señora era una genia. Me recuerda a Gloria Fuertes, en muchas ocasiones, tanto escribiendo como en su forma de actuar. También le gustaba servirse alguna copita, y fumaba a los ochenta y pico. Cuando sus amigos o conocidos, le decían que tenía que dejar de fumar, ella les respondía: "he asistido a muchos entierros de gente mucho más joven que yo, que ni bebía ni fumaba.
Esta noche Wislawa me acompañó en una más de insomnio. No he podido tener mejor compañía a las 4 de la madrugada, sin ponerme debajo.
Espero que os gusten, a falta de cosecha propia acudimos a los mejores. Disfrutad de la lectura. Otro día más, mejor no sé.
Fin y principio
Después de cada guerra
alguien tiene que limpiar.
No se van a ordenar solas las cosas,
digo yo.
Alguien debe echar los escombros
a la cuneta
para que puedan pasar
los carros llenos de cadáveres.
Alguien debe meterse
entre el barro, las cenizas,
los muelles de los sofás,
las astillas de cristal
y los trapos sangrientos.
Alguien tiene que arrastrar una viga
para apuntalar un muro,
alguien poner un vidrio en la ventana
y la puerta en sus goznes.
Eso de fotogénico tiene poco
y requiere años.
Todas las cámaras se han ido ya
a otra guerra.
A reconstruir puentes
y estaciones de nuevo.
Las mangas quedarán hechas jirones
de tanto arremangarse.
Alguien con la escoba en las manos
recordará todavía cómo fue.
Alguien escuchará
asintiendo con la cabeza en su sitio.
Pero a su alrededor
empezará a haber algunos
a quienes les aburra.
Todavía habrá quien a veces
encuentre entre hierbajos
argumentos mordidos por la herrumbre,
y los lleve al montón de la basura.
Aquellos que sabían
de qué iba aquí la cosa
tendrán que dejar su lugar
a los que saben poco.
Y menos que poco.
E incluso prácticamente nada.
En la hierba que cubra
causas y consecuencias
seguro que habrá alguien tumbado,
con una espiga entre los dientes,
mirando las nubes.
Traducción de Abel A. Murcia
La cuatro de la madrugada
Hora de la noche al día.
Hora de un costado al otro.
Hora para treintañeros.
Hora acicalada para el canto del gallo.
Hora en que la tierra niega nuestros nombres.
Hora en que el viento sopla desde los astros extintos.
Hora y-si-tras-de-nosotros-no-quedara-nada.
Hora vacía.
Sorda, estéril.
Fondo de todas las horas.
Nadie se siente bien a las cuatro de la madrugada.
Si las hormigas se sienten bien a las cuatro de la madrugada,
habrá que felicitarlas. Y que lleguen las cinco,
si es que tenemos que seguir viviendo.
Traducción de Gerardo Beltrán
Dos poemas para mí magistrales, el primero duro, tremendamente duro, pero tremendamente bueno, y el segundo se sale en la última estrofa, me parece simplemente una genialidad,
Pero es que esta señora era una genia. Me recuerda a Gloria Fuertes, en muchas ocasiones, tanto escribiendo como en su forma de actuar. También le gustaba servirse alguna copita, y fumaba a los ochenta y pico. Cuando sus amigos o conocidos, le decían que tenía que dejar de fumar, ella les respondía: "he asistido a muchos entierros de gente mucho más joven que yo, que ni bebía ni fumaba.
Esta noche Wislawa me acompañó en una más de insomnio. No he podido tener mejor compañía a las 4 de la madrugada, sin ponerme debajo.
Espero que os gusten, a falta de cosecha propia acudimos a los mejores. Disfrutad de la lectura. Otro día más, mejor no sé.
Fin y principio
Después de cada guerra
alguien tiene que limpiar.
No se van a ordenar solas las cosas,
digo yo.
Alguien debe echar los escombros
a la cuneta
para que puedan pasar
los carros llenos de cadáveres.
Alguien debe meterse
entre el barro, las cenizas,
los muelles de los sofás,
las astillas de cristal
y los trapos sangrientos.
Alguien tiene que arrastrar una viga
para apuntalar un muro,
alguien poner un vidrio en la ventana
y la puerta en sus goznes.
Eso de fotogénico tiene poco
y requiere años.
Todas las cámaras se han ido ya
a otra guerra.
A reconstruir puentes
y estaciones de nuevo.
Las mangas quedarán hechas jirones
de tanto arremangarse.
Alguien con la escoba en las manos
recordará todavía cómo fue.
Alguien escuchará
asintiendo con la cabeza en su sitio.
Pero a su alrededor
empezará a haber algunos
a quienes les aburra.
Todavía habrá quien a veces
encuentre entre hierbajos
argumentos mordidos por la herrumbre,
y los lleve al montón de la basura.
Aquellos que sabían
de qué iba aquí la cosa
tendrán que dejar su lugar
a los que saben poco.
Y menos que poco.
E incluso prácticamente nada.
En la hierba que cubra
causas y consecuencias
seguro que habrá alguien tumbado,
con una espiga entre los dientes,
mirando las nubes.
Traducción de Abel A. Murcia
La cuatro de la madrugada
Hora de la noche al día.
Hora de un costado al otro.
Hora para treintañeros.
Hora acicalada para el canto del gallo.
Hora en que la tierra niega nuestros nombres.
Hora en que el viento sopla desde los astros extintos.
Hora y-si-tras-de-nosotros-no-quedara-nada.
Hora vacía.
Sorda, estéril.
Fondo de todas las horas.
Nadie se siente bien a las cuatro de la madrugada.
Si las hormigas se sienten bien a las cuatro de la madrugada,
habrá que felicitarlas. Y que lleguen las cinco,
si es que tenemos que seguir viviendo.
Traducción de Gerardo Beltrán
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