Rosario de Cuenca Esteban
Verso Suelto
Estaba la tarde quejumbrosa, llovía y estábamos tristes, pues tu decidiste tomarte un tiempo para repasar tu vida, que en crisis se encontraba ¿Recuerdas, amor mío?
Éramos muy jóvenes, te pesaba el compromiso, querías sentirte libre, aunque decías amarme y solo pude decirte que me rompías el Alma, que aún era inocente, inexperta en el arte de la vida y después de horas deambulando por calles, que no recuerdo, paraste en un puesto de flores y comprando dos rosas, me dijiste que eran para mí, que las guardara y que algún día, vendrías a por ellas, pues aunque se secaran, siempre tendría el valor de tu amor No las cogí, era una despedida, donde solo quedaría el silencio y el abandono.
No prometí esperarte, la rabia también se paseaba por mí Ser, no me era fácil entender tu despedida y al darme el último beso, me expresaste.
-Miremos la hora, dentro de un año, en este mismo lugar, el mismo día y a la misma hora, nos encontraremos.
Desapareciste en la lluvia y me incorporé a ella en mi soledad.
Pasó el año y fui a la cita, esperé varias horas Tu no llegaste y marche pensando que jamás te volvería ver, que me habrías olvidado, quizá habías emigrado y decidí no alimentar nunca más la esperanza.
Pasaron cuarenta años y un día, sonó mi teléfono, no podía dar crédito, era tu voz, la que me hablaba Me pedías verme, me decías que me llevabas buscando todos estos años y que una enfermedad hizo que no aparecieras el día señalado Me contaste, que me encontraste gracias a mis artículos publicados, en Internet
Cuando nos vimos, charlamos varias horas y cuando menos lo esperaba, sacaste una cajita de cristal donde reposaban las dos rosas de antaño y mirándome a los ojos, llenos de agua, me dijiste:
-Dos rosas para ti, he guardado
Rosario de Cuenca Esteban
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