estelamari
Poeta recién llegado
DUELO POR EL HIJO.
Absurdo silencio recargado,
cómplice de murmullos compasivos,
ignorante del dolor real.
No es necesario.
Siento las palmadas en mi espalda,
las mismas palabras de consuelo,
y mi voz no sale,
si no está, ahogada en llanto.
Desfilan uno a uno los amigos,
de riguroso luto en la mirada.
rostro trémulo y sombrío,
puedo escuchar sin que lo digan
el eco de su nombre entre sus voces.
No hay conformidad, no habrá alivio
aunque estén, millares de flores colocadas,
al pie de aquella caja,
donde en calma,
reposa el cuerpo amado.
No bastan los abrazos, ni el apoyo.
de la gente que siempre hemos querido.
Nada calma esta tristeza, muerde el alma.
deja en jirones la esperanza,
destierra la fe del corazón.
De que me sirvió, que te entregara
Señor: mi vida entera a tu servicio.
De qué me sirvió toda la ciencia,
que aprendí, para salvar a tantos otros,
si, lo que más amo, lo que adoro,
se escapa inevitable entre mis manos.
Si es sólo un niño,
Señor, tan sólo un niño,
que se abría apenas a la vida,
por qué me lo quitas,
Señor, no te lo acepto,
y no me conformaré,
porque no quiero,
sin él, no hay más motivos,
no hay más vida.
Y no reniego de ti, nunca lo haría
no intento comprender tus razones,
yo no soy nadie.
Señor, y tu eres sabio.
Tampoco pretendo conmoverte;
con mi grito mudo, lanzado al cielo.
Me quedaré, si quieres;
arrastrando:
el despojo que dejas de mi vida,
y no me la quito, Señor,
por no ofenderte más
de lo que ya te ofendo
al maldecirte.
Estelamari
Absurdo silencio recargado,
cómplice de murmullos compasivos,
ignorante del dolor real.
No es necesario.
Siento las palmadas en mi espalda,
las mismas palabras de consuelo,
y mi voz no sale,
si no está, ahogada en llanto.
Desfilan uno a uno los amigos,
de riguroso luto en la mirada.
rostro trémulo y sombrío,
puedo escuchar sin que lo digan
el eco de su nombre entre sus voces.
No hay conformidad, no habrá alivio
aunque estén, millares de flores colocadas,
al pie de aquella caja,
donde en calma,
reposa el cuerpo amado.
No bastan los abrazos, ni el apoyo.
de la gente que siempre hemos querido.
Nada calma esta tristeza, muerde el alma.
deja en jirones la esperanza,
destierra la fe del corazón.
De que me sirvió, que te entregara
Señor: mi vida entera a tu servicio.
De qué me sirvió toda la ciencia,
que aprendí, para salvar a tantos otros,
si, lo que más amo, lo que adoro,
se escapa inevitable entre mis manos.
Si es sólo un niño,
Señor, tan sólo un niño,
que se abría apenas a la vida,
por qué me lo quitas,
Señor, no te lo acepto,
y no me conformaré,
porque no quiero,
sin él, no hay más motivos,
no hay más vida.
Y no reniego de ti, nunca lo haría
no intento comprender tus razones,
yo no soy nadie.
Señor, y tu eres sabio.
Tampoco pretendo conmoverte;
con mi grito mudo, lanzado al cielo.
Me quedaré, si quieres;
arrastrando:
el despojo que dejas de mi vida,
y no me la quito, Señor,
por no ofenderte más
de lo que ya te ofendo
al maldecirte.
Estelamari