QUINSONNAS
Poeta fiel al portal
Sentado en un maizal desconocido
un duende enmascarado hubo travieso
viniendo de besar, allí escondido,
a un hada floreciente de embeleso.
Espléndida en su mágico vestido
al verla ya quedar no pudo ileso
instándole su amor desprevenido
a raudo amanecer por ella preso.
Sus labios le tendió yendo embozado
y el hada, en un principio sorprendida,
también, algo sintiendo, fue imprudente.
Después, nuestro galán, huyó azorado
grabada en su interior, ya de por vida,
la máscara del beso eternamente.