Domingo Bazán Campos
Poeta recién llegado
Como rendida y embriagada
duerme tranquila la dama lila.
Con su pijama pueril
y sus párpados sin llanto
por fin sueña y duerme tranquila la dama lila.
Sabe que la noche afuera asusta
y que el frío tijeretea adentro las sábanas y los huesos,
sabe la dama lila que el mundo ladra y muerde
y que su bello rostro no es suficiente escudo.
Por eso deja que yo la cuide.
Por eso deja que yo la ame.
Como si fuera fiesta de soñar
duerme tranquila la dama lila.
Con su cabello oscuro cual carbón
y sus mejillas alegres como duraznos
por ahora descansa y duerme tranquila la dama lila.
Ha dicho que ama profundamente
y hacer el amor le quiebra la respiración,
cree que encontró la ternura y la risa
y sólo espera la noche para reposar en los brazos de su hombre.
Por eso deja que yo la cuide.
Por eso deja que yo la ame.
Como su sempiterno custodio
yo la contemplo dormida,
mientras la dama lila se pega a mi pecho envejecido
yo la arropo en silencio y bebo la miel de sus sienes.
Sé que durante el día
-cuando no la tenga a mi lado-
esa imagen de bella durmiente me salvará,
sobreviviré a los lamentos de la salvaje modernidad
y habitaré fortalecido el pavimento mal condimentado de esta ciudad.
Por eso yo no dejaré de cuidarla.
Por eso yo no dejaré de amarla.
duerme tranquila la dama lila.
Con su pijama pueril
y sus párpados sin llanto
por fin sueña y duerme tranquila la dama lila.
Sabe que la noche afuera asusta
y que el frío tijeretea adentro las sábanas y los huesos,
sabe la dama lila que el mundo ladra y muerde
y que su bello rostro no es suficiente escudo.
Por eso deja que yo la cuide.
Por eso deja que yo la ame.
Como si fuera fiesta de soñar
duerme tranquila la dama lila.
Con su cabello oscuro cual carbón
y sus mejillas alegres como duraznos
por ahora descansa y duerme tranquila la dama lila.
Ha dicho que ama profundamente
y hacer el amor le quiebra la respiración,
cree que encontró la ternura y la risa
y sólo espera la noche para reposar en los brazos de su hombre.
Por eso deja que yo la cuide.
Por eso deja que yo la ame.
Como su sempiterno custodio
yo la contemplo dormida,
mientras la dama lila se pega a mi pecho envejecido
yo la arropo en silencio y bebo la miel de sus sienes.
Sé que durante el día
-cuando no la tenga a mi lado-
esa imagen de bella durmiente me salvará,
sobreviviré a los lamentos de la salvaje modernidad
y habitaré fortalecido el pavimento mal condimentado de esta ciudad.
Por eso yo no dejaré de cuidarla.
Por eso yo no dejaré de amarla.