Francisco Iván Pazualdo
Poeta veterano en el portal
Dueto Randy Ivan Rodriguez/Daiana Gotas en el aura:
Se me escaparán las lágrimas,
¿ me guiará tu sombra a tu cuerpo?
para que este río abierto,
se pasee en tu desierto...
para que mis direcciones
ya no corran confusiones,
y me indique el camino cierto..
Se me escaparán algunas gotas
a donde no se derrame tanta prisa,
por mis manos dejé los abrigos de tu pensar,
y sí, observé desiertos por brújulas inquietos
que se posaban en los oásis
de tanta letra negra bañada por las lágrimas de tu ser...
que emanaron siendo gotas para ser luego rocío.
Y se quedaron como vapor
rodeando mi cuerpo,
en cada poro de mi alma,
en cada beso al viento,
en cada grito, en cada silencio,
grabado en ti, en tu firmamento.
Se me escaparán más penas que no sonrían
ni al cigarro que se fuma la noche
cerca de empacar el vapor,
en la hiriente porcelana de las maletas,
queriendo pensar que se van a secar en el viento
con cada beso.
Se clava en el pecho,
se guarda muy dentro,
heridas recónditas
lastiman el cielo,
apagan una a una las estrellas,
al oeste ni al este sale el sol,
el norte y el sur
dan igual los dos,
sin rumbo llevo mis maletas de porcelana
que quebrantan mis manos,
ya no se oyen cantar las cigarras,
que se escuchaban entonar
cuando desde lejos esperaban ansiosas
tu regreso.
Se desangra la opresión
de tan vacío
que por mis dedos se ha ido
reventando.
Se bajan las estrellas más reconditas
que tu nariz apagada,
sur o norte dejemos que la tierra se bañe
de lágrimas, y de rumbos...
que no se lastimen tus manos
ahi crecerán pensamientos
y se escucharán más fuertes,
que mí regreso.
Se me exprime la esperanza,
cuando tus pasos ya no se oyen,
cuando nostálgica,
observo a tu alba
que súbitamente se convierte en noche.
Se retuerce mi mundo
cuando el velero de tu voz parte
a donde guarda silencio, todavía preso
entre los muros del albor
que de repente, se hace noche.
Y cae lentamente el crepúsculo,
que alguna vez creí infinito,
que con los sueños se marchan,
tan oscuro se ve,
que hasta a los recuerdos mancha.
Y la tela de las pupilas
colgaban de la rutina de la partida,
y sí, se marchaban los sueños
a otro despertar,
que hasta la mácula de tus lágrimas despertó.
Tal vez si pudiera,
estirar mi mano y alcanzarte
para que te detengas,
girar tus espaldas en dirección a mi cuerpo,
quizás si tan solo
pudiese ser viento,
y enredarme en ti
para crecer en tu aroma, en tu aliento,
un segundo más, sólo un momento.
Tal vez si pudieramos,
estrecharnos como la gracia de los asteroides
que se hacen fogata en el cielo
que se desprenden haciendo hielo también,
que nos cubren, que nos mueven a la estela
de donde no salen gotas,
de donde no hay banquetas
que se nos puedan enredar
en el cabello... y que prolonguemos las horas al viaje.
Tal vez si los rayos del sol,
desprendieran de tus ojos
aunque sea a un pálido recuerdo,
para que se avive y se alimente con el tiempo,
tal vez si las nubes proyectaran en ellas
este mismo sueño, tal vez así,
así te alcance
tal vez así me recuerdes,
y reflejándome me encuentres,
con los ojos ya cansados de llorarte,
con los pensamientos apesadumbrados
de añorarte.
Probablemente me esfume,
y me reconstruya bruscamente,
pues este ser, no aguantará
ni un minuto más de sed.
Pero las nubes se agrietan con los sentidos.
Pero el mundo se queda prendido con sus luces,
podemos atraparnos en un suspiro
que parezca luciérnaga roja
o cometa dorado,
pero tal vez nos encontremos
en un manantial de abrazos.
Probablemente huyas al bosque
que te deje ser libre,
yo probablemente me amarre a tu sed...
y me quede dormido.
Dorado cometa,
también puedo yo encontrarte
en arroyos azulados,
en astros desorbitados,
siento tus labios alejados,
y tu voz rebotando
en mis oídos,
siento a tus paisajes estelados,
construyendo mundo de olvidos.
Pero ha de haber más planeta
para nosotros
en lagunas de galaxias
o en satélites amarillos
como las margaritas,
pero ha de haber más sentimiento
en los abedules que pasan por el día
dejando los mismos resquicios...
que el sol cuando se ahoga en las montañas.
Caerán las luces de la mañana,
sobre mí cara,
y me encontraré
hablándole a la soledad,
como un pájaro desnudo
volaré, y me quedaré
esperando sobre un árbol
aletargando las horas,
ayudando a mi calma,
ventilando dolores
en el alma,
observando en el alba,
tu mirada y tus colores.
Caerán más desiertos en la boca
del oeste,
tu rostro quedará levitando
en la mañana fresca
cuando le hables a la soledad,
y volarás más desnuda que la brisa
al árbol que queda
aburrido por el búho que le canta,
pero no habrá más soledad
que se entregue al alba en tu despertar,
no habrá más maletas que pueda hacer
Júpiter o Venus y tu mirada se me quedará... cercana.
Le hablaré al silencio,
le contaré, que estoy en la espera
de tu regreso,
que es a ti,
a quien yo llamo y quiero,
que es a ti, solo a ti, que estas muy lejos.
Testigo son las hojas de aquella flor
que dejaste marchitar
que una a una cayeron
en tu crepitar.
Le hablaré a lo callado
yo se que me escuchará,
regresaré cenicero o quizás cigarro
prendido por la esperanza de regresar,
en el cenicero no quedarán cenizas
me quedarás tú, seria y despierta
escurriendo lágrimas cautivas...
y me dirás te quiero y te diré te adoro
y me dirás que las hojas de una flor
han muerto esperando mi llegada
en el crepitar de la desolación...
y las palabras pausadas...
y adormecidas las gotas...
Se me escaparán las lágrimas,
¿ me guiará tu sombra a tu cuerpo?
para que este río abierto,
se pasee en tu desierto...
para que mis direcciones
ya no corran confusiones,
y me indique el camino cierto..
Se me escaparán algunas gotas
a donde no se derrame tanta prisa,
por mis manos dejé los abrigos de tu pensar,
y sí, observé desiertos por brújulas inquietos
que se posaban en los oásis
de tanta letra negra bañada por las lágrimas de tu ser...
que emanaron siendo gotas para ser luego rocío.
Y se quedaron como vapor
rodeando mi cuerpo,
en cada poro de mi alma,
en cada beso al viento,
en cada grito, en cada silencio,
grabado en ti, en tu firmamento.
Se me escaparán más penas que no sonrían
ni al cigarro que se fuma la noche
cerca de empacar el vapor,
en la hiriente porcelana de las maletas,
queriendo pensar que se van a secar en el viento
con cada beso.
Se clava en el pecho,
se guarda muy dentro,
heridas recónditas
lastiman el cielo,
apagan una a una las estrellas,
al oeste ni al este sale el sol,
el norte y el sur
dan igual los dos,
sin rumbo llevo mis maletas de porcelana
que quebrantan mis manos,
ya no se oyen cantar las cigarras,
que se escuchaban entonar
cuando desde lejos esperaban ansiosas
tu regreso.
Se desangra la opresión
de tan vacío
que por mis dedos se ha ido
reventando.
Se bajan las estrellas más reconditas
que tu nariz apagada,
sur o norte dejemos que la tierra se bañe
de lágrimas, y de rumbos...
que no se lastimen tus manos
ahi crecerán pensamientos
y se escucharán más fuertes,
que mí regreso.
Se me exprime la esperanza,
cuando tus pasos ya no se oyen,
cuando nostálgica,
observo a tu alba
que súbitamente se convierte en noche.
Se retuerce mi mundo
cuando el velero de tu voz parte
a donde guarda silencio, todavía preso
entre los muros del albor
que de repente, se hace noche.
Y cae lentamente el crepúsculo,
que alguna vez creí infinito,
que con los sueños se marchan,
tan oscuro se ve,
que hasta a los recuerdos mancha.
Y la tela de las pupilas
colgaban de la rutina de la partida,
y sí, se marchaban los sueños
a otro despertar,
que hasta la mácula de tus lágrimas despertó.
Tal vez si pudiera,
estirar mi mano y alcanzarte
para que te detengas,
girar tus espaldas en dirección a mi cuerpo,
quizás si tan solo
pudiese ser viento,
y enredarme en ti
para crecer en tu aroma, en tu aliento,
un segundo más, sólo un momento.
Tal vez si pudieramos,
estrecharnos como la gracia de los asteroides
que se hacen fogata en el cielo
que se desprenden haciendo hielo también,
que nos cubren, que nos mueven a la estela
de donde no salen gotas,
de donde no hay banquetas
que se nos puedan enredar
en el cabello... y que prolonguemos las horas al viaje.
Tal vez si los rayos del sol,
desprendieran de tus ojos
aunque sea a un pálido recuerdo,
para que se avive y se alimente con el tiempo,
tal vez si las nubes proyectaran en ellas
este mismo sueño, tal vez así,
así te alcance
tal vez así me recuerdes,
y reflejándome me encuentres,
con los ojos ya cansados de llorarte,
con los pensamientos apesadumbrados
de añorarte.
Probablemente me esfume,
y me reconstruya bruscamente,
pues este ser, no aguantará
ni un minuto más de sed.
Pero las nubes se agrietan con los sentidos.
Pero el mundo se queda prendido con sus luces,
podemos atraparnos en un suspiro
que parezca luciérnaga roja
o cometa dorado,
pero tal vez nos encontremos
en un manantial de abrazos.
Probablemente huyas al bosque
que te deje ser libre,
yo probablemente me amarre a tu sed...
y me quede dormido.
Dorado cometa,
también puedo yo encontrarte
en arroyos azulados,
en astros desorbitados,
siento tus labios alejados,
y tu voz rebotando
en mis oídos,
siento a tus paisajes estelados,
construyendo mundo de olvidos.
Pero ha de haber más planeta
para nosotros
en lagunas de galaxias
o en satélites amarillos
como las margaritas,
pero ha de haber más sentimiento
en los abedules que pasan por el día
dejando los mismos resquicios...
que el sol cuando se ahoga en las montañas.
Caerán las luces de la mañana,
sobre mí cara,
y me encontraré
hablándole a la soledad,
como un pájaro desnudo
volaré, y me quedaré
esperando sobre un árbol
aletargando las horas,
ayudando a mi calma,
ventilando dolores
en el alma,
observando en el alba,
tu mirada y tus colores.
Caerán más desiertos en la boca
del oeste,
tu rostro quedará levitando
en la mañana fresca
cuando le hables a la soledad,
y volarás más desnuda que la brisa
al árbol que queda
aburrido por el búho que le canta,
pero no habrá más soledad
que se entregue al alba en tu despertar,
no habrá más maletas que pueda hacer
Júpiter o Venus y tu mirada se me quedará... cercana.
Le hablaré al silencio,
le contaré, que estoy en la espera
de tu regreso,
que es a ti,
a quien yo llamo y quiero,
que es a ti, solo a ti, que estas muy lejos.
Testigo son las hojas de aquella flor
que dejaste marchitar
que una a una cayeron
en tu crepitar.
Le hablaré a lo callado
yo se que me escuchará,
regresaré cenicero o quizás cigarro
prendido por la esperanza de regresar,
en el cenicero no quedarán cenizas
me quedarás tú, seria y despierta
escurriendo lágrimas cautivas...
y me dirás te quiero y te diré te adoro
y me dirás que las hojas de una flor
han muerto esperando mi llegada
en el crepitar de la desolación...
y las palabras pausadas...
y adormecidas las gotas...