Jesus, tu sangre corre
en rios de eternidad,
vibra tu voz en el viento
y tu clamor se hace sangre,
tu sangre se hace dolor.
La entregas para vaciarla
en ánforas de comprensión.
Salvas al bueno y al malo,
pero el hombre sigue igual.
Longinos te hiere.
Tu sangre sigue brotando,
y al ciego le das la luz,
y la luz es como un llanto.
¡Oh tus artejos crispados
y tus metacarpos rotos,
tus ojos contristados
y todo tu ser sangrando!
Alli estás, oh Nazareno:
tus dulces manos clavadas
por los siglos de los siglos.
Tosco madero de Golgota
se halla en pie, lo mismo
que el viernes de tu martirio.
Imploras a tu Padre
el perdón de los hombres;
van pasando los siglos
y el humano no oye
tu plegaria amasada
con tu sangre y tus lagrimas.
Fue angustioso tu Calvario,
inutil el beso traidor
de Judas Iscariote;
fue en vano la negacion de Pedro
e inutil la luz que le diste
a los ojos ciegos
de Longinos Publio Cornelio
-el centurion romano-,
al manar tu sangre
de tu costado abierto
sobre sus ojos muertos,
cuando te dio el lanzazo.
Fue triste el milagro
de tu rostro ensangrentado
estampado en el lienzo
impoluto de Veronica,
al enjugar tu angustia,
y el dolor del mundo.
Y en un amargor angustioso,
tu voz se hace un lamento.
tu gritas:
"Eli, Eli ¿lama sabachtani?"
Tu cerviz cae inerte
sobre el pecho transido,
tus llagas benditas sangran;
con el correr del tiempo el calvario eterno
de tu cuerpo infinito
parece que clamara a gritos
pidiendo la resignacion y fe
de los de tu pueblo.
en rios de eternidad,
vibra tu voz en el viento
y tu clamor se hace sangre,
tu sangre se hace dolor.
La entregas para vaciarla
en ánforas de comprensión.
Salvas al bueno y al malo,
pero el hombre sigue igual.
Longinos te hiere.
Tu sangre sigue brotando,
y al ciego le das la luz,
y la luz es como un llanto.
¡Oh tus artejos crispados
y tus metacarpos rotos,
tus ojos contristados
y todo tu ser sangrando!
Alli estás, oh Nazareno:
tus dulces manos clavadas
por los siglos de los siglos.
Tosco madero de Golgota
se halla en pie, lo mismo
que el viernes de tu martirio.
Imploras a tu Padre
el perdón de los hombres;
van pasando los siglos
y el humano no oye
tu plegaria amasada
con tu sangre y tus lagrimas.
Fue angustioso tu Calvario,
inutil el beso traidor
de Judas Iscariote;
fue en vano la negacion de Pedro
e inutil la luz que le diste
a los ojos ciegos
de Longinos Publio Cornelio
-el centurion romano-,
al manar tu sangre
de tu costado abierto
sobre sus ojos muertos,
cuando te dio el lanzazo.
Fue triste el milagro
de tu rostro ensangrentado
estampado en el lienzo
impoluto de Veronica,
al enjugar tu angustia,
y el dolor del mundo.
Y en un amargor angustioso,
tu voz se hace un lamento.
tu gritas:
"Eli, Eli ¿lama sabachtani?"
Tu cerviz cae inerte
sobre el pecho transido,
tus llagas benditas sangran;
con el correr del tiempo el calvario eterno
de tu cuerpo infinito
parece que clamara a gritos
pidiendo la resignacion y fe
de los de tu pueblo.