il_duende
Poeta recién llegado
En esta noche de octubre se murió mi luna llena,
eclipsó de a poco bajo tu mirada casi yerta:
fue espanto de las brujas, itinerario de pena,
en este octubre maldito, de la esperanza ya muerta
Los recuerdos me persiguen, ya se sientan a la cena,
con un sueño de aceitunas que de verde ya te observan,
son los rostros del cariño, de un silencio que enajena
y las paredes que callan y suspiros que conservan
esas dichas infinitas, esas dichas de la nada
que vagan como fantasmas de la noche de las brujas
y se robaron de luna tu silueta enamorada
hacia el desierto de vagos fantasmas que ya me empujas.
¡Ay, mi niña tan hermosa! ¡Ay, mi niña tan lejana!
de tus ojos se robaron esa luna que vivimos,
esa luna de esperas, esa luna de mañanas,
esa luna de universo a la cual comprometimos.
Niña, sentado en la cena de recuerdos enrollados
en un panqueque, silencio de tu mirada tan dulce,
junto a la aceituna verde de tu beso enamorado
y al laúd de la partida y a la muerte que me impulsen.
Ya no florecerán rosas en suspiros de mis dedos,
ya no tomaré el Metro de la espera entre los rieles,
y no estarás en la cima de mi corazón en pedo
cabalgando hidalgamente como hojarasca de corceles.
Ya no estarás en el patio cosechando tantos sueños,
no estarán tus ojos fijos al espejo de mi luna,
se la robaron con sombras y locuras de pequeños
demonios y alucinados fantasmas de la laguna,
de lucecita que grácil fugó primero la dicha,
del smog que empañó luna, beso, casa, piel abierta,
que de tu juego dejó de cara, cruz, canto ficha
y la esperanza ya muerta y la dulzura desierta.
Esta noche se robaron mi luna amada y querida,
esta noche no quedó ni los duendes ni el hada amada,
esta noche ya de negro se vistió mi pobre herida
y en el Monte vagan viejos los suspiros en la rada.
Este eclipse de saldo agridulce me enajena,
este eclipse de tus manos de tus senos aguerridos,
este eclipse que vistió ya de negro toda mi pena
y a ti mi mujer bendita, me llevas del alma herido
eclipsó de a poco bajo tu mirada casi yerta:
fue espanto de las brujas, itinerario de pena,
en este octubre maldito, de la esperanza ya muerta
Los recuerdos me persiguen, ya se sientan a la cena,
con un sueño de aceitunas que de verde ya te observan,
son los rostros del cariño, de un silencio que enajena
y las paredes que callan y suspiros que conservan
esas dichas infinitas, esas dichas de la nada
que vagan como fantasmas de la noche de las brujas
y se robaron de luna tu silueta enamorada
hacia el desierto de vagos fantasmas que ya me empujas.
¡Ay, mi niña tan hermosa! ¡Ay, mi niña tan lejana!
de tus ojos se robaron esa luna que vivimos,
esa luna de esperas, esa luna de mañanas,
esa luna de universo a la cual comprometimos.
Niña, sentado en la cena de recuerdos enrollados
en un panqueque, silencio de tu mirada tan dulce,
junto a la aceituna verde de tu beso enamorado
y al laúd de la partida y a la muerte que me impulsen.
Ya no florecerán rosas en suspiros de mis dedos,
ya no tomaré el Metro de la espera entre los rieles,
y no estarás en la cima de mi corazón en pedo
cabalgando hidalgamente como hojarasca de corceles.
Ya no estarás en el patio cosechando tantos sueños,
no estarán tus ojos fijos al espejo de mi luna,
se la robaron con sombras y locuras de pequeños
demonios y alucinados fantasmas de la laguna,
de lucecita que grácil fugó primero la dicha,
del smog que empañó luna, beso, casa, piel abierta,
que de tu juego dejó de cara, cruz, canto ficha
y la esperanza ya muerta y la dulzura desierta.
Esta noche se robaron mi luna amada y querida,
esta noche no quedó ni los duendes ni el hada amada,
esta noche ya de negro se vistió mi pobre herida
y en el Monte vagan viejos los suspiros en la rada.
Este eclipse de saldo agridulce me enajena,
este eclipse de tus manos de tus senos aguerridos,
este eclipse que vistió ya de negro toda mi pena
y a ti mi mujer bendita, me llevas del alma herido