yustonnils
Poeta recién llegado
Escondida donde nadie te ve,
a media mañana soleada y azul;
me estas mirando de una forma desierta
con esos ojos claros, increíblemente dormidos,
y tu sonrisa,
era toda una luz clara de primavera.
Pero esta visión paradisíaca,
se pierde entre la bruma
de tus mejillas sonrosadas...
De una forma distraída y sola;
volví a ver esos claros,
tan lindos como un reflejo de mar,
aunque dormidos, se mezclaban
con esa sonrisa definitiva
que me llevó a amarla...
Desapareciendo con esa vasta maravilla,
donde la luz se rompe
como un cristal soleado,
que impedía al frío de
este oculto y acorralado corazón.
Yo vivia dentro de una muchacha
cuyos labios ya había vuelto a rozar,
en cuyas noches súbitas
yo creaba todo un prodigio.
Cuando el sol moría;
junto a mi amante dulce y brillante,
cercana a su piel fragante,
a su cabello volando libres,
a su naricilla graciosa...
a sus labios rosados. Pero nada era igual
a su mirada adormecida: su sonrisa
lo alzaba a uno del suelo.
Ahora la miro únicamente, sin tocarla.
Está dentro de mi mujer,
eclipsándola por ratos,
luciendo como flores salvajes.
Pero ella vence y recobra su dominio.
Ella tiene mucho de mi mujer,
su mirada medio sueño, su sonrisa
libre, su aire ingenuo y lánguido.
Ahora entiendo que yo vivia
entre eclipses de mi mujer
para que brillara mi amada,
y eclipses de mi amada
para que volviera yo a mi mujer...
Sin darme cuenta, estaba llorando,
pero creó lloré muy poco
y avergonzado,
por vivir en eclipses de muchacha
de ojos claros y dormidos,
con su sonrisa fresca y pura...
increíblemente soñadoras.
a media mañana soleada y azul;
me estas mirando de una forma desierta
con esos ojos claros, increíblemente dormidos,
y tu sonrisa,
era toda una luz clara de primavera.
Pero esta visión paradisíaca,
se pierde entre la bruma
de tus mejillas sonrosadas...
De una forma distraída y sola;
volví a ver esos claros,
tan lindos como un reflejo de mar,
aunque dormidos, se mezclaban
con esa sonrisa definitiva
que me llevó a amarla...
Desapareciendo con esa vasta maravilla,
donde la luz se rompe
como un cristal soleado,
que impedía al frío de
este oculto y acorralado corazón.
Yo vivia dentro de una muchacha
cuyos labios ya había vuelto a rozar,
en cuyas noches súbitas
yo creaba todo un prodigio.
Cuando el sol moría;
junto a mi amante dulce y brillante,
cercana a su piel fragante,
a su cabello volando libres,
a su naricilla graciosa...
a sus labios rosados. Pero nada era igual
a su mirada adormecida: su sonrisa
lo alzaba a uno del suelo.
Ahora la miro únicamente, sin tocarla.
Está dentro de mi mujer,
eclipsándola por ratos,
luciendo como flores salvajes.
Pero ella vence y recobra su dominio.
Ella tiene mucho de mi mujer,
su mirada medio sueño, su sonrisa
libre, su aire ingenuo y lánguido.
Ahora entiendo que yo vivia
entre eclipses de mi mujer
para que brillara mi amada,
y eclipses de mi amada
para que volviera yo a mi mujer...
Sin darme cuenta, estaba llorando,
pero creó lloré muy poco
y avergonzado,
por vivir en eclipses de muchacha
de ojos claros y dormidos,
con su sonrisa fresca y pura...
increíblemente soñadoras.