Escobedo
Poeta asiduo al portal
El abuelo
Inspirado en una nota de prensa
El abuelo se ha muerto, está en el cielo,
les dicen a los niños que preguntan,
y les dan unos dulces intentando
acallar su infantil curiosidad.
Y mientras el abuelo,
se pudre en los infiernos del rechazo
con castigo por vida de ostracismo;
y sin consuelo llora
no poder acunar lo que es su sangre,
jugar a caballito con su carne,
ver nacer y crecer
lo que iba a ser su paz y su consuelo.
El abuelo está triste, no está muerto.
Deambula solitario por la casa
y a veces se tropieza con los muebles;
entra dos veces en cualquier lugar
buscando una manita, gordezuela,
a que poder asirse, donde ceder su amor;
ese amor que rebosa de sus médulas
y escapa en torrenteras con las lágrimas,
que abrasan cual lava de volcán.
¡Malhaya aquel momento de su vida
que un pecado de amor no comprendido,
error imperdonable, no admitido,
le condenó a la pena más temida!
Juan de Escobedo
Inspirado en una nota de prensa
El abuelo se ha muerto, está en el cielo,
les dicen a los niños que preguntan,
y les dan unos dulces intentando
acallar su infantil curiosidad.
Y mientras el abuelo,
se pudre en los infiernos del rechazo
con castigo por vida de ostracismo;
y sin consuelo llora
no poder acunar lo que es su sangre,
jugar a caballito con su carne,
ver nacer y crecer
lo que iba a ser su paz y su consuelo.
El abuelo está triste, no está muerto.
Deambula solitario por la casa
y a veces se tropieza con los muebles;
entra dos veces en cualquier lugar
buscando una manita, gordezuela,
a que poder asirse, donde ceder su amor;
ese amor que rebosa de sus médulas
y escapa en torrenteras con las lágrimas,
que abrasan cual lava de volcán.
¡Malhaya aquel momento de su vida
que un pecado de amor no comprendido,
error imperdonable, no admitido,
le condenó a la pena más temida!
Juan de Escobedo