Amartemisa
Poetisa
Dueto:
Víctor Ugaz Bermejo
Amartemisa
Suena en la tarde una risa lejana entre las aguas sin piedad.
Suena la sinfonía inacabada en mis pies descalzos
que aún pueden sentir tu posición desesperada
desde la última vez que me abrazaste por detrás,
después marchaste y vuelvo al lugar esperando tu regreso.
El paso del sol ha pintado ocasos bermejos que incendian la
pradera, esta tarde que fueron testigos de mis besos de colibrí,
bella flor jamás deshojada, la noche ha despertado y ya no estaré a
tu lado, cervatillo asustado que no se aleja del acantilado.
Sueño con tu llegada de colibrí entre las rocas dibujadas porque un día
te amé en mis sueños y aún navego por las olas de ilustres colores,
malva bajo el cielo que entristece esa cruel partida, que te alejó de mí
pecho y todavía rebosa el calor que dejaste.
Seré delirio mientras se retraza la primavera, seré ocaso en otoños
que me despojan de mis versos; seré un sueño que no despertará
hasta tu llegada, mi adorada reina. Mis altares vacíos se iluminarán
entonces con tu argentada presencia de luna llena en mis noches febriles.
Quiero amanecer dormida entre el acantilado y tu boca, quiero
despertar en tus manos como un niño que renace antes de tiempo,
acurrucarme en tus susurros de cantos sin finales. Quiero ser la aurora
de tus ojos y el relieve del alba hasta nuestro mutuo anochecer.
Seré mirada vigilante desde el otero de nuestro juramento, serás
faro que guíe a mi ilusa corazonada, partiré a ser peregrino de tus
valles, a guarecerme en tus sombras de bosques perfumados,
cuidaré tu sueños hasta ese nuevo despertar,
para unir en un latido, tu pecho y el mío...
Un deseo al cerrar los ojos esta húmeda tarde de lamentos, sólo un
deseo, soñando marinero que regresas entre los cielos oscuros y el
alma en mi puño escribiendo estos versos. Solo un deseo, amado
mío, morir en tus brazos mientras me enfundas el alma entre sonrisas y besos.
Víctor Ugaz Bermejo
Amartemisa
Suena en la tarde una risa lejana entre las aguas sin piedad.
Suena la sinfonía inacabada en mis pies descalzos
que aún pueden sentir tu posición desesperada
desde la última vez que me abrazaste por detrás,
después marchaste y vuelvo al lugar esperando tu regreso.
El paso del sol ha pintado ocasos bermejos que incendian la
pradera, esta tarde que fueron testigos de mis besos de colibrí,
bella flor jamás deshojada, la noche ha despertado y ya no estaré a
tu lado, cervatillo asustado que no se aleja del acantilado.
Sueño con tu llegada de colibrí entre las rocas dibujadas porque un día
te amé en mis sueños y aún navego por las olas de ilustres colores,
malva bajo el cielo que entristece esa cruel partida, que te alejó de mí
pecho y todavía rebosa el calor que dejaste.
Seré delirio mientras se retraza la primavera, seré ocaso en otoños
que me despojan de mis versos; seré un sueño que no despertará
hasta tu llegada, mi adorada reina. Mis altares vacíos se iluminarán
entonces con tu argentada presencia de luna llena en mis noches febriles.
Quiero amanecer dormida entre el acantilado y tu boca, quiero
despertar en tus manos como un niño que renace antes de tiempo,
acurrucarme en tus susurros de cantos sin finales. Quiero ser la aurora
de tus ojos y el relieve del alba hasta nuestro mutuo anochecer.
Seré mirada vigilante desde el otero de nuestro juramento, serás
faro que guíe a mi ilusa corazonada, partiré a ser peregrino de tus
valles, a guarecerme en tus sombras de bosques perfumados,
cuidaré tu sueños hasta ese nuevo despertar,
para unir en un latido, tu pecho y el mío...
Un deseo al cerrar los ojos esta húmeda tarde de lamentos, sólo un
deseo, soñando marinero que regresas entre los cielos oscuros y el
alma en mi puño escribiendo estos versos. Solo un deseo, amado
mío, morir en tus brazos mientras me enfundas el alma entre sonrisas y besos.