Emerson Mendoza
Poeta recién llegado
Quiero compartir la alegría
de un amor esperado,
hoy ha llegado taciturna;
queridos amigos poetas,
la mujer que cambió mi vida,
con el beso más cálido
en la noche más fría.
¡Qué inadvertida sonrisa!
ella otorga a mi alma
una cálida bienvenida
y su nombre es el argumento
para este "mundo poesía".
Ella, la niña de la maravilla,
le puso semblante a la luna,
menguando su silueta blancuzca
y con cierta certeza y ternura
la calificó de dulzura.
Ella le inspira a mi vida
como la tímida "pipa" de Charles
y la "lámpara" de José,
letras de algodones suavez
y sendas frases metafóricas
que le atribuyen a mi vida
puramente poesía.
Y quiero gritarle al Eolo
tantas algarabías
en noches bellas de insomnio
como en los cálidos días;
y voy a desafiar a poseidón,
que intente quitarme la dicha
que me hace sentir ésta niña,
la niña de la maravilla.
Reírme del firmamento
que corto al compararlo queda,
juntándose a lo lejos
con las peripecias del mar,
al lado de mi princesa,
la que me inspira belleza.
¡Qué indefenza! y ¡Qué belleza!
ella otrora tan bella
para pintarle a la tristeza
rayas de colorines claros
y decirle a los hermanos
tanta palabrería
si no entienden que ha llegado
la niña de la maravilla.
Y a los médicos infalibles
de culta garrulería
que no se necesita estudiar
para comenzar a gozar,
para empezar a amar
y para disfrutar del mar.
Hacen falta unos versos
que no han llegado con besos
en madrugadas de vientos,
¡cortantes! y ¡flageladores!.
Porque, la niña de la maravilla,
por el torrente sanguineo
una dosis de amor cantado,
ella me ha suministrado
sin dosis de amor matutino;
es la reina de los despertares finitos,
¡cálida su ternura colegas!
¡ella me cautiva!
de un amor esperado,
hoy ha llegado taciturna;
queridos amigos poetas,
la mujer que cambió mi vida,
con el beso más cálido
en la noche más fría.
¡Qué inadvertida sonrisa!
ella otorga a mi alma
una cálida bienvenida
y su nombre es el argumento
para este "mundo poesía".
Ella, la niña de la maravilla,
le puso semblante a la luna,
menguando su silueta blancuzca
y con cierta certeza y ternura
la calificó de dulzura.
Ella le inspira a mi vida
como la tímida "pipa" de Charles
y la "lámpara" de José,
letras de algodones suavez
y sendas frases metafóricas
que le atribuyen a mi vida
puramente poesía.
Y quiero gritarle al Eolo
tantas algarabías
en noches bellas de insomnio
como en los cálidos días;
y voy a desafiar a poseidón,
que intente quitarme la dicha
que me hace sentir ésta niña,
la niña de la maravilla.
Reírme del firmamento
que corto al compararlo queda,
juntándose a lo lejos
con las peripecias del mar,
al lado de mi princesa,
la que me inspira belleza.
¡Qué indefenza! y ¡Qué belleza!
ella otrora tan bella
para pintarle a la tristeza
rayas de colorines claros
y decirle a los hermanos
tanta palabrería
si no entienden que ha llegado
la niña de la maravilla.
Y a los médicos infalibles
de culta garrulería
que no se necesita estudiar
para comenzar a gozar,
para empezar a amar
y para disfrutar del mar.
Hacen falta unos versos
que no han llegado con besos
en madrugadas de vientos,
¡cortantes! y ¡flageladores!.
Porque, la niña de la maravilla,
por el torrente sanguineo
una dosis de amor cantado,
ella me ha suministrado
sin dosis de amor matutino;
es la reina de los despertares finitos,
¡cálida su ternura colegas!
¡ella me cautiva!