Lo tenía bien observado: siempre que rasgueaba unos acordes de guitarra,
y tarareaba alguna canción muy querida en recuerdo de los buenos tiempos,
incluso durante las tardes más serenas y calmas,
una suave brisa penetraba por el ventanal,
agitando leve, temblorosamente, cortinajes y plantas...
Como si las almas viajeras de los amigos desaparecidos,
mágicamente convocadas por los arpegios,
acudiesen desde algún lugar ignoto a disfrutar una vez más con sus melodías preferidas.
Y al hacerlo así... agitasen tenuemente el secreto aire del tiempo.
y tarareaba alguna canción muy querida en recuerdo de los buenos tiempos,
incluso durante las tardes más serenas y calmas,
una suave brisa penetraba por el ventanal,
agitando leve, temblorosamente, cortinajes y plantas...
Como si las almas viajeras de los amigos desaparecidos,
mágicamente convocadas por los arpegios,
acudiesen desde algún lugar ignoto a disfrutar una vez más con sus melodías preferidas.
Y al hacerlo así... agitasen tenuemente el secreto aire del tiempo.