Ayax
Poeta que considera el portal su segunda casa
Anegan a mis manos caricias en angustia.
Un véspero en tu boca mis ósculos los hala:
propician los sentidos tangencia de las almas
que mutuas se vacían azúcar de lujuria.
Hay tarde de brumario, afuera, bajo lluvia.
Las rosas de susurros deshojan las gargantas;
adentro una marea el aire torna en ansia
que arrastra a nuestra orilla, al cielo sin mesura.
No sé por qué el otoño le da a tu desnudez
sabor donde se mezclan, deseo y misticismo.
Si pruebo en el brumario tus gracias de mujer
te tornas en poema, febril plegaria y vino;
quizá es porque ponemos, los dos, aunque no sé,
en el amor y otoño, el alma en los sentidos.
Un véspero en tu boca mis ósculos los hala:
propician los sentidos tangencia de las almas
que mutuas se vacían azúcar de lujuria.
Hay tarde de brumario, afuera, bajo lluvia.
Las rosas de susurros deshojan las gargantas;
adentro una marea el aire torna en ansia
que arrastra a nuestra orilla, al cielo sin mesura.
No sé por qué el otoño le da a tu desnudez
sabor donde se mezclan, deseo y misticismo.
Si pruebo en el brumario tus gracias de mujer
te tornas en poema, febril plegaria y vino;
quizá es porque ponemos, los dos, aunque no sé,
en el amor y otoño, el alma en los sentidos.
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