duf9991
Poeta adicto al portal
Esta cruel vida
esta vida sin destino
esta vida sin futuro,
sin final, larguísima
hay algo que me ha enseñado
solo una cosa;
la existencia es nimia
la vida es intrascendente
la edad es nula.
esta vida sin destino
esta vida sin futuro,
sin final, larguísima
hay algo que me ha enseñado
solo una cosa;
la existencia es nimia
la vida es intrascendente
la edad es nula.
La edad es nula
pues no importa
cuantas velas soples
las lágrimas siempre
surcarán caminos
ceñidos,
como caminos de campo.
pues no importa
cuantas velas soples
las lágrimas siempre
surcarán caminos
ceñidos,
como caminos de campo.
Dejarán consigo las marcas
de unos aros
que hendieron sus veredas,
y uno a uno
apagaron los sonidos
de la selva circundante.
de unos aros
que hendieron sus veredas,
y uno a uno
apagaron los sonidos
de la selva circundante.
La edad es nula
pues la desdicha es altruista
en el nivel más sádico,
y hasta a un mísero niñato
le puede robar la sonrisa.
pues la desdicha es altruista
en el nivel más sádico,
y hasta a un mísero niñato
le puede robar la sonrisa.
La existencia es nimia
porque en un golpe de un segundo
la vida destruye décadas.
La vida es intrascendente
pues lo que digamos
lo borrará el viento
y si lo escribimos
la lluvia o la ignorancia
acabarán por liquidarlo
y si lo pensamos
morirá por siempre con nuestra
piel ennegrecida.
porque en un golpe de un segundo
la vida destruye décadas.
La vida es intrascendente
pues lo que digamos
lo borrará el viento
y si lo escribimos
la lluvia o la ignorancia
acabarán por liquidarlo
y si lo pensamos
morirá por siempre con nuestra
piel ennegrecida.
Por eso yo vivo sin pensar
en un mañana,
y muero sin haber vivido
para saber cómo se siente.
Y vivo para sonreír,
pues sé que voy a morir llorando.
Y existo pues sé que soy apenas una llama
que los labios del Hado
han de apagar de un ligero soplido
cuando se le venga en gana.
en un mañana,
y muero sin haber vivido
para saber cómo se siente.
Y vivo para sonreír,
pues sé que voy a morir llorando.
Y existo pues sé que soy apenas una llama
que los labios del Hado
han de apagar de un ligero soplido
cuando se le venga en gana.