darwinsin
Poeta que considera el portal su segunda casa

Alada en el espacio,
levitas,
vuelas,
te suspendes;
te atomizas en aromas de naturaleza.
Verte en la mañana vestida de belleza,
de albura,
de dones que encajan en ti.
Cada vez te revistes de colores con la vivacidad
de un recuerdo sustancial.
Tu rostro en ese mirar que descifra mis sentires.
Te han acicalado con el bisturí
de un dios que sabe de encantos.
Óptima es tu sonrisa que estropea mis nervios.
Una constelación de neuronas se altera en lo azur
de un poema modernista.
Tus pasos en la baldosa de mis días son tan calculados
que pareces un fantasma sin piernas movilizándose en fragancias.
La cascada bruna que se congela en tu espalda,
los luceros atezados en tu naricita operada
por el crecimiento espontáneo del tiempo.
Tu voz de inteligencia perturba la corteza onírica de la timidez.
Maniquí de lo especial,
de lo simple;
de lo inmortal de tu atractivo.
Va feneciendo mi inspiración,
pero mi amor se magnifica en el entorno de tu silencio.