Sus alas de plumas negras se alzan al vuelo,
sin clara visibilidad, sus ojos agudos
otean el oscuro firmamento.
Lo ciñen y agitan corrientes de frío viento
que calan cuál dagas su desnudo cuerpo.
Escucha a lo lejos el llamado del tiempo
que implacable limita sus anhelados sueños.
Se encuentra sólo en un paraje adverso,
el hambre y la sed clavan espinas en su cuello.
Lo asechan los lobos si desciende al suelo,
más sigue su curso en aguas turbias del cielo.
Y aunque la insidia y la sangre chorreen por sus dedos,
no hay nada ni nadie que engrille sus miembros.
Se burla del temor que el demonio le incita...
-Huye de mi-, le grita.
Y lo aleja de su vida.
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