El Amor...el Velero y Barlovento

Ángel San Isidro

Poeta que considera el portal su segunda casa

El Amor...
el Velero y Barlovento


Que maravilloso resulta poder
llegar a saborear el olor de tu cuerpo,
ese dulce cuerpo que huele a jazmines
con los sabores de la sal de los mares,

por donde viajan saltando entre las olas...
numerosos delfines;
La fragancia de tu hermosa sonrisa,
se hace visible entre las luces algodonadas

y engalanadas que inspiran al niño cupido,
con tu suave y misteriosa risa de ese tiempo...

especialmente esculpido;

Dónde los amantes lucen sus artes

librando batallas de verdadera pasión,
con la esperanza de lograr con devoción
esa lujuriosa satisfacción de la placida

melodía de una dulce y armoniosa...
canción;
Para hacer de los sueños,
vigorosos mástiles donde están sujetas

unas pequeñas velas donde el viento,
con esmero siempre se recogerá sincero

para hacer al velero avanzar noblemente,
hacia la oscura mar de forma misteriosa...

inusual y sorprendente;

Y así,

paulatinamente airear de forma
constante el corazón de los amantes,
insuflando las velas del sagaz velero

con el amor brillante de una estrella...
blanca y errante,

que todas las noches fugazmente surca
muy deprisa el espectacular y gran cielo,
para satisfacer los ojos de los tripulantes
de ese velero donde viven alucinados...
los dos amantes,
donde surca feliz las aguas ese pequeño
pero gran velero sobre la inmensa mar,

para viajar tranquilos y muy constantes
con las velas desplegadas y ahuecadas,
por el majestuoso y fuerte vendaval
que de manera especial siempre confluye

en los mares donde casi siempre
estamos tranquilos con el benigno viento,
para con nuestra afortunada y complaciente
benevolencia mirar siempre a la mar de frente,

esperando al viento que a veces viene con fuerza...
desde barlovento.

Autor: Ángel San Isidro
Todos los Derechos Reservados
 
Fascinante disfrutar de vuestras genialidades amigo ÁNGEL
Fuerte abrazo.

El Amor...
el Velero y Barlovento


Que maravilloso resulta poder
llegar a saborear el olor de tu cuerpo,
ese dulce cuerpo que huele a jazmines
con los sabores de la sal de los mares,

por donde viajan saltando entre las olas...
numerosos delfines;
La fragancia de tu hermosa sonrisa,
se hace visible entre las luces algodonadas

y engalanadas que inspiran al niño cupido,
con tu suave y misteriosa risa de ese tiempo...

especialmente esculpido;

Dónde los amantes lucen sus artes

librando batallas de verdadera pasión,
con la esperanza de lograr con devoción
esa lujuriosa satisfacción de la placida

melodía de una dulce y armoniosa...
canción;
Para hacer de los sueños,
vigorosos mástiles donde están sujetas

unas pequeñas velas donde el viento,
con esmero siempre se recogerá sincero

para hacer al velero avanzar noblemente,
hacia la oscura mar de forma misteriosa...

inusual y sorprendente;

Y así,

paulatinamente airear de forma
constante el corazón de los amantes,
insuflando las velas del sagaz velero

con el amor brillante de una estrella...
blanca y errante,

que todas las noches fugazmente surca
muy deprisa el espectacular y gran cielo,
para satisfacer los ojos de los tripulantes
de ese velero donde viven alucinados...
los dos amantes,
donde surca feliz las aguas ese pequeño
pero gran velero sobre la inmensa mar,

para viajar tranquilos y muy constantes
con las velas desplegadas y ahuecadas,
por el majestuoso y fuerte vendaval
que de manera especial siempre confluye

en los mares donde casi siempre
estamos tranquilos con el benigno viento,
para con nuestra afortunada y complaciente
benevolencia mirar siempre a la mar de frente,

esperando al viento que a veces viene con fuerza...
desde barlovento.

Autor: Ángel San Isidro
Todos los Derechos Reservados
 

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