J.E.Mozo
Docente, Poeta y Persona (Tal vez en otro orden)
Las feromonas esparcidas por el aire,
este febrero de románticos pajaritos
anidados en pareja sobre los árboles,
se desarrollan de manera espectacular,
puede que se mantengan, incluso,
durante el infame mes de marzo.
Respirar es natural a la vida
y para eso se requiere espacio,
el amor entra por las fosas nasales
y se aloja en el corazón, se esparce,
se adueña del torrente sanguíneo
irrigando al cerebro de ideas estúpidas
y propuestas indecentes en la cama.
Febrero se va, y con él los pajarillos,
se descubren en el día común
el y ella, artífices de rutina productiva,
el odio, algo guardado solo para lo indecible,
lo indeseable y extraño, aquello inexplicable…
yo odio a las hormigas y las moscas,
esas malditas obreras impertinentes,
esos malditos pilotos acróbatas
que, hábilmente, mi mano esquivan…
se dedican a invadir mi propiedad
y a marcar su incómoda presencia,
¿Qué tiene que ver esto con febrero?
nada, son cosas de marzo, de rutina,
respirar el aire repleto de feromonas
y no poder acusar recibo de la invitación
químicamente entregada a mi corazón…
el amor, en marzo, en mi hipotálamo duele.
este febrero de románticos pajaritos
anidados en pareja sobre los árboles,
se desarrollan de manera espectacular,
puede que se mantengan, incluso,
durante el infame mes de marzo.
Respirar es natural a la vida
y para eso se requiere espacio,
el amor entra por las fosas nasales
y se aloja en el corazón, se esparce,
se adueña del torrente sanguíneo
irrigando al cerebro de ideas estúpidas
y propuestas indecentes en la cama.
Febrero se va, y con él los pajarillos,
se descubren en el día común
el y ella, artífices de rutina productiva,
el odio, algo guardado solo para lo indecible,
lo indeseable y extraño, aquello inexplicable…
yo odio a las hormigas y las moscas,
esas malditas obreras impertinentes,
esos malditos pilotos acróbatas
que, hábilmente, mi mano esquivan…
se dedican a invadir mi propiedad
y a marcar su incómoda presencia,
¿Qué tiene que ver esto con febrero?
nada, son cosas de marzo, de rutina,
respirar el aire repleto de feromonas
y no poder acusar recibo de la invitación
químicamente entregada a mi corazón…
el amor, en marzo, en mi hipotálamo duele.