El amor es una cosa extraña.
Te encuentras con alguien un día,
lo tratas, crees conocerlo
y un día lo logras.
De repente,
de forma cautelosa,
te encuentras enamorado sin desearlo.
Lo tomas de buena gana y,
sólo si uno es lo bastante estúpido y valiente,
pasas de ti hacia el otro y te declaras.
Si tienes suerte, te acepta.
Si no,
lo más probable en esta azarosa relación,
eres rechazado.
En un instante pasas de tenerlo todo en el mundo
a ser un exiliado.
Un ser aplastado por sus emociones,
incapaz de desear existir,
pues la existencia misma causa un agudo dolor.
No hay muerte, no hay fin.
Pero alejarse de esa fuente de amor es complicado.
Es un masoquismo extremo,
un desgarre emocional,
una condena que sólo un estúpido enamorado lleva a cabo.
Te encuentras con alguien un día,
lo tratas, crees conocerlo
y un día lo logras.
De repente,
de forma cautelosa,
te encuentras enamorado sin desearlo.
Lo tomas de buena gana y,
sólo si uno es lo bastante estúpido y valiente,
pasas de ti hacia el otro y te declaras.
Si tienes suerte, te acepta.
Si no,
lo más probable en esta azarosa relación,
eres rechazado.
En un instante pasas de tenerlo todo en el mundo
a ser un exiliado.
Un ser aplastado por sus emociones,
incapaz de desear existir,
pues la existencia misma causa un agudo dolor.
No hay muerte, no hay fin.
Pero alejarse de esa fuente de amor es complicado.
Es un masoquismo extremo,
un desgarre emocional,
una condena que sólo un estúpido enamorado lleva a cabo.