El amor y el odio
no se podían ni ver
pero se encontraron una vez;
ya se puede imaginar
cómo fue el encuentro aquel:
a una sonrisa del amor
el odio respondió con rencor;
a un gesto amable le devolvió una mueca;
a una mirada risueña, con un desdén;
a un saludo cordial, con un desaire;
a una caricia, con una bofetada;
a una palabra cariñosa volvió la espalda;
a un abrazo, un empujón;
a un halago, un airado reclamo,
El amor nada dijo, nada respondió,
nada devolvió, nada reclamó:
en el lugar del histórico encuentro
un rosal de rosas blancas de repente floreció.
no se podían ni ver
pero se encontraron una vez;
ya se puede imaginar
cómo fue el encuentro aquel:
a una sonrisa del amor
el odio respondió con rencor;
a un gesto amable le devolvió una mueca;
a una mirada risueña, con un desdén;
a un saludo cordial, con un desaire;
a una caricia, con una bofetada;
a una palabra cariñosa volvió la espalda;
a un abrazo, un empujón;
a un halago, un airado reclamo,
El amor nada dijo, nada respondió,
nada devolvió, nada reclamó:
en el lugar del histórico encuentro
un rosal de rosas blancas de repente floreció.