El árbol en tu rivera

Rey de la Patagonia

Poeta adicto al portal
Un árbol y su laguna

conversaban los reflejos de

un suave atardecer,

laguna de oro

acostada sobre sus costas ella,

el

el único árbol

dividido en dos troncos

uno mirando a su cara

y el otro mirando al pasado

del tiempo.


El verano entusiasmado

hizo florecer sus tallos

y madurar sus frutos en abundancia,

sus raíces este año

tocaban los bordes

de aquellas aguas soñadas,

como si un beso tímido fueran

o un caricia guardada.


Rojas manzanas con aires

de finos dátiles

podían verse en las manos

de los niños

colgando de sus ganchos,

pero la última, la más alta

la mas roja y brillante

era para sus aguas,

esas que de oro lucían

la tarde en sus bordes.


Tú eres mi destino

parecían escribir sus ramas

en el viento,

cuando casi tocaban las aguas

en la rivera,

¿ cuándo podre tocarte

como quiero tocarte?

repetían sus raíces

que como venas se arrastraban

en la arena hacia ella.


¿Cuándo podre tocarte

como quiero tocarte?

y las hojas en otoño

podían,

en la distancia podían,

besos de lejos

arrojados al viento,

no más que eso,

eran los besos

que dejaban sus ramas desnudas

en el intento.


Aquí estoy junto a las estaciones

esperando alcanzarte,

para tocarte

como quiero tocarte,

madurando nuevos frutos

más brillantes

hasta que parezcan dátiles

para poder merecer

una de esas miradas

que luces frente al sol

de cada tarde.


Un árbol conversaba con su laguna

aquella tarde

y en la rama más alta

guardaba el último fruto

del verano,

tan grandioso que parecía

un dátil

y tan enamorado y tan rojo

que parecía un beso,

un último beso

que dejo caer sobre la arena

cuando su laguna le dio

la espalda y se fue

con el sol,

aquella tarde

cuando sus raíces

se recogieron como manos

asustadas

dibujando en la arena

este Adiós

que quedo en su rivera.
 
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