Nommo
Poeta veterano en el portal
Me perdí, en aquella selva,
donde el colibrí destila su ingenio,
revoloteando por entre las margaritas.
Trabé amistad con unos indios que jugaban a las cartas.
Y una moza recia espléndida, me asió del cuello, para bautizarme entre sus senos exuberantes.
Quise escapar, pero unos mendigos fascinantes, de ojos azules y amarillos,
me taparon la cabeza con una olla de grillos,
para ponerme, por nombre, Nommo.
Me picaba todo el cuerpo, y oía música y campanas.
Por la tarde, después de hacer amigos, fabricamos cantimploras.
Mi naturaleza es tímida, pero la suya, liberal y primitiva, me hacía gracia.
Había un cacique que montaba a los lomos de un caballo.
Y una yegua embarazada de gemelos, que parió delante mía.
No supe reaccionar a tiempo. No soy médico, en el mundo, ni veterinario.
Por suerte, un curandero estrafalario acudió al rescate de los recién nacidos.
Mi dama y yo pernoctamos juntos, en el lago de los héroes ajedrecistas.
Los negros luchaban contra los blancos, en el nombre del chocolate y del queso.
El cacao es sagrado, pues obtiene de la luz del Sol, substancia potente y nutritiva.
Le regalé aloe vera embotellado, como premio, a mi compañera de fatigas.
¡ Nommo ! Dame un beso. ¡ Ven aquí ! Alehop. ¡ Nommo ! Pasa por el aro de fuego...
donde el colibrí destila su ingenio,
revoloteando por entre las margaritas.
Trabé amistad con unos indios que jugaban a las cartas.
Y una moza recia espléndida, me asió del cuello, para bautizarme entre sus senos exuberantes.
Quise escapar, pero unos mendigos fascinantes, de ojos azules y amarillos,
me taparon la cabeza con una olla de grillos,
para ponerme, por nombre, Nommo.
Me picaba todo el cuerpo, y oía música y campanas.
Por la tarde, después de hacer amigos, fabricamos cantimploras.
Mi naturaleza es tímida, pero la suya, liberal y primitiva, me hacía gracia.
Había un cacique que montaba a los lomos de un caballo.
Y una yegua embarazada de gemelos, que parió delante mía.
No supe reaccionar a tiempo. No soy médico, en el mundo, ni veterinario.
Por suerte, un curandero estrafalario acudió al rescate de los recién nacidos.
Mi dama y yo pernoctamos juntos, en el lago de los héroes ajedrecistas.
Los negros luchaban contra los blancos, en el nombre del chocolate y del queso.
El cacao es sagrado, pues obtiene de la luz del Sol, substancia potente y nutritiva.
Le regalé aloe vera embotellado, como premio, a mi compañera de fatigas.
¡ Nommo ! Dame un beso. ¡ Ven aquí ! Alehop. ¡ Nommo ! Pasa por el aro de fuego...
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