Francisco Ruzafa .
Poeta asiduo al portal
La primera vez que tuve una gardenia en mi mano.
Fue en Granada. Creí que era una rosa
de extraño olor.
Estaba algo marchita por el calor y la falta de agua.
Sabía que no le quedaba mucha vida.
Y sin embargo no dejaba de comunicar
aquel amoroso don.
Con la frescura y pureza de un aroma siempre
juvenil en el recuerdo que no se olvida.
Cerca la Alambra guardiana de jardines
de maravillosas flores también lloraba conmigo
por que una flor suya duraría menos tiempo
del que la vida le habría ofrecido.
Esta noche junto a mí en el jardín
de casa. Una hermosa gardenia
llena de capullos crece en verde esmeralda
su fuerza e hidalguía.
Pronto sus flores blancas
Perfumarán las noches.
Noches de luna, amor y baile entre las sombras
de duendes y hadas. De sueños
y recuerdos que guarda esta flor.
También desde hoy para ti
Fue en Granada. Creí que era una rosa
de extraño olor.
Estaba algo marchita por el calor y la falta de agua.
Sabía que no le quedaba mucha vida.
Y sin embargo no dejaba de comunicar
aquel amoroso don.
Con la frescura y pureza de un aroma siempre
juvenil en el recuerdo que no se olvida.
Cerca la Alambra guardiana de jardines
de maravillosas flores también lloraba conmigo
por que una flor suya duraría menos tiempo
del que la vida le habría ofrecido.
Esta noche junto a mí en el jardín
de casa. Una hermosa gardenia
llena de capullos crece en verde esmeralda
su fuerza e hidalguía.
Pronto sus flores blancas
Perfumarán las noches.
Noches de luna, amor y baile entre las sombras
de duendes y hadas. De sueños
y recuerdos que guarda esta flor.
También desde hoy para ti