Pablo Alonso
Poeta asiduo al portal
Que dura es esta vida de hierros tan fieros,
Que largo el camino de este claustro perecedero,
Y mis pies vacilantes que tropiezan en su avance
Y las manos tan débiles de maniobras incapaces.
El recorrido se me hace largo mientras se acorta la espera,
Atrás quedó el amanecer e incierta la noche que aún no llega,
Porque veo ya nublado con mis faros tan dañados,
Porque el cielo se me ciega, porque el cielo está callado.
Mi alma pesa, mi alma lleva una cruz en soledad,
El sendero se hace extenso, infranqueable esta caducidad,
Unos días se dibujan arcoíris de sorpresas
Y otros tantos más dolidos la inocencia que me besa.
Soy tan frágil y sencillo que me pesa esta carga,
Que siento que no puedo, que me aferro a la esperanza;
Voy vacío, sin nada, esperando la llamada;
En el atardecer de la vida mientras se prepara el alma.
Que largo el camino de este claustro perecedero,
Y mis pies vacilantes que tropiezan en su avance
Y las manos tan débiles de maniobras incapaces.
El recorrido se me hace largo mientras se acorta la espera,
Atrás quedó el amanecer e incierta la noche que aún no llega,
Porque veo ya nublado con mis faros tan dañados,
Porque el cielo se me ciega, porque el cielo está callado.
Mi alma pesa, mi alma lleva una cruz en soledad,
El sendero se hace extenso, infranqueable esta caducidad,
Unos días se dibujan arcoíris de sorpresas
Y otros tantos más dolidos la inocencia que me besa.
Soy tan frágil y sencillo que me pesa esta carga,
Que siento que no puedo, que me aferro a la esperanza;
Voy vacío, sin nada, esperando la llamada;
En el atardecer de la vida mientras se prepara el alma.