angelnazareo
Poeta recién llegado
El beso
Carne humectada con deseo de ensueño,
lengua de algodón del campo interno,
labios cabalgantes sin rienda ni dueño,
vociferan humeando el cielo tierno.
¿Cómo saborearte sin perder la cordura en el tiempo?
Pedazos de carne ablandada en palabrerío fugaz,
arrojados al brillar sonoro de la luna /a diez mil por hora/
¡Ay cómo quiero esos labios, como pétalos enardecidos!
hay que ver con el tacto, para poder contemplarte,
y atragantarse de éxtasis salivo /empolvado de ternura/
¡Ay como jugaron en el jardín las lenguas!
danzaron locas columpiándose en el reloj,
apagaron un momento la fogata del corazón.
Sé que ahora estas llena y no tan fácil menguas,
que con tu boca a mi escalofrió das abrigo,
pero también comes mi alma a sorbos.
Suena la guitarra de tu garganta saciada,
pronunciando un -Ya no más- dejando un poco para más tarde,
amarraste tu boca con doble nudo de incertidumbre,
me llenaste el seso con ojos de miel,
pero al fin llené mi regocijo con tu manto de musa,
y las agujas continuaron su cavilar... después del beso.
Autor: Melvyn Recancoj Pineda (angelnazareo)
Carne humectada con deseo de ensueño,
lengua de algodón del campo interno,
labios cabalgantes sin rienda ni dueño,
vociferan humeando el cielo tierno.
¿Cómo saborearte sin perder la cordura en el tiempo?
Pedazos de carne ablandada en palabrerío fugaz,
arrojados al brillar sonoro de la luna /a diez mil por hora/
¡Ay cómo quiero esos labios, como pétalos enardecidos!
hay que ver con el tacto, para poder contemplarte,
y atragantarse de éxtasis salivo /empolvado de ternura/
¡Ay como jugaron en el jardín las lenguas!
danzaron locas columpiándose en el reloj,
apagaron un momento la fogata del corazón.
Sé que ahora estas llena y no tan fácil menguas,
que con tu boca a mi escalofrió das abrigo,
pero también comes mi alma a sorbos.
Suena la guitarra de tu garganta saciada,
pronunciando un -Ya no más- dejando un poco para más tarde,
amarraste tu boca con doble nudo de incertidumbre,
me llenaste el seso con ojos de miel,
pero al fin llené mi regocijo con tu manto de musa,
y las agujas continuaron su cavilar... después del beso.
Autor: Melvyn Recancoj Pineda (angelnazareo)
Última edición: