El bosque de las ánimas
De regreso a la aldea entre la espesa niebla mi cuerpo estaba agotado por el largo camino, la fatiga perforaba mi cabeza como una estaca y la noche a mitad de vida se encontraba. Daba vueltas en mi mismo para encontrar salida mientras los árboles de mi locura se reían, corrí por un oscuro sendero sin saber que era y al darme cuenta en el bosque dormía. Me levanté abrumado de una horrorosa pesadilla pero esta todavía en mi respiraba y vivía, el frio de la madrugada mi piel congelaba al tiempo que agudas voces piedad clamaban. Atraído mórbidamente por estas criaturas que con sus lamentos mis oídos hipnotizaban di pasos que ningún mortal se atrevería por túneles de miseria e hipocresía. Sus pieles eran blancas como algodón viejo tenían el pelo gris y los ojos enceguecidos pero como víboras notaron mi presencia y me pidieron no rezar por ellos. Aquellas almas en pena siguieron su curso, yo arrastre mis pecados con los suyos me alimentaron de su energía silenciosa y termine en un pozo profundo, caminaban sin detenerse e ignoraron mi fatal caída. Entre el agua y los sapos me vi hombre muerto, en el delirio me vi como una de ellas, invidente de la realidad y presa de martirios. Mi alma se iba alejando de mi pasmado cuerpo, veía como toda mi carne se retorcía mi piel se tornaba morada y las puertas hacia la muerte se abrían. De repente fue como si todo se apagara, como si la misma tierra se hubiera detenido, estaba en el cielo o el infierno, gritaba como maniático pero todo ya estaba perdido.
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