café en chernobyl
Poeta recién llegado
Oronda, preciosa, ubérrimo
faquir de hilos de seda,
te quiero, te amo,
un mar arado con lisos pejerreyes,
un sol de uva sobre las
plantaciones de bananos.
Bella, fruta jugosa,
cronometro malogrado en
tiempos de guerra, eterna como
niké, gea, la triste estrella.
Me gustas, me gustas,
tu marcha eléctrica, de polea
ecuestre y serpentina dura,
me alegra la noche
me inquieta en madrugada.
La ventana abierta,
pulmones de fantasmas, cera de
yemas de huevo, tu
cadera alabastrada y
tu mechón negro.
Sudor sacrílego en tu
vientre árabe, un beso, dos
que sean, las paredes huelen a
sabinas, a carrozas de heno.
Nadie se despierta,
tapones en el ánima y
colillas de puro en el arjé.
Qué linda, que buena que estás,
no tengas frío,
la almohadilla de ganso de nieve
sobre tus rodillas de
deportista retirada.
Eres pintora,
una curva de dunas
dibuja la esfinge de tu teatro.
¿Quién hace el rol del diablo?
Tu libido de Heliogábalo
topa con el dedo índice y el dado.
No hay suerte, albur o rayuela.
Cansada y alegre,
reposas mirando dos colinas
entre la risa de tu nuevo pecado.
faquir de hilos de seda,
te quiero, te amo,
un mar arado con lisos pejerreyes,
un sol de uva sobre las
plantaciones de bananos.
Bella, fruta jugosa,
cronometro malogrado en
tiempos de guerra, eterna como
niké, gea, la triste estrella.
Me gustas, me gustas,
tu marcha eléctrica, de polea
ecuestre y serpentina dura,
me alegra la noche
me inquieta en madrugada.
La ventana abierta,
pulmones de fantasmas, cera de
yemas de huevo, tu
cadera alabastrada y
tu mechón negro.
Sudor sacrílego en tu
vientre árabe, un beso, dos
que sean, las paredes huelen a
sabinas, a carrozas de heno.
Nadie se despierta,
tapones en el ánima y
colillas de puro en el arjé.
Qué linda, que buena que estás,
no tengas frío,
la almohadilla de ganso de nieve
sobre tus rodillas de
deportista retirada.
Eres pintora,
una curva de dunas
dibuja la esfinge de tu teatro.
¿Quién hace el rol del diablo?
Tu libido de Heliogábalo
topa con el dedo índice y el dado.
No hay suerte, albur o rayuela.
Cansada y alegre,
reposas mirando dos colinas
entre la risa de tu nuevo pecado.