Andysdarling
Poeta asiduo al portal
Bello y viril el rostro,
corcova su torso agacha,
los ojos son dos centellas
que ven el todo y la nada,
amigo de poemas y canciones
siempre el laud le acompaña
y sus horas entretine
mientras espia el horizonte
por donde viene su amada.
Ella sale del palacio
y hasta la plaza se llega,
vestido de tafetán
su gentíl cuerpo embutía,
zapato de raso y oro
el diminuto pié calza,
su sonrisa, más hermosa
que las perlas que la adornan,
sus ojos, la luz del fino diamante
que del cuello le pendía,
su pelo, noche negra,
negra noche, noche temida,
noche de encuentro
con las penas propias..
Perdone su señoría
a este bufón atrevido,
perdóneme condesita
y deténgase un momento,
tres segundos bastarán
para entregarle un soneto
que escribió mi soledad. . .
y le entrega una cuartilla
que la niña devoró
por venir de quien venía,
y por no besarle la boca
le tendió su mano blanca. . .
y el bufón le sonreía,
con fina careta
su faz ocultaba.
Y luego la condesita
puso su pié en el estribo
y a la carroza se alza,
y no volvió la cabeza
para sostener las lágrimas
en las cuencas de sus ojos
donde le tiemblan y danzan. . .
A un duque la han prometido,
la niña está apalabrada. . .
Y después desaparece
sin mediar ni una palabra.
. . . Y gira la noria
de la vieja historia.
corcova su torso agacha,
los ojos son dos centellas
que ven el todo y la nada,
amigo de poemas y canciones
siempre el laud le acompaña
y sus horas entretine
mientras espia el horizonte
por donde viene su amada.
Ella sale del palacio
y hasta la plaza se llega,
vestido de tafetán
su gentíl cuerpo embutía,
zapato de raso y oro
el diminuto pié calza,
su sonrisa, más hermosa
que las perlas que la adornan,
sus ojos, la luz del fino diamante
que del cuello le pendía,
su pelo, noche negra,
negra noche, noche temida,
noche de encuentro
con las penas propias..
Perdone su señoría
a este bufón atrevido,
perdóneme condesita
y deténgase un momento,
tres segundos bastarán
para entregarle un soneto
que escribió mi soledad. . .
y le entrega una cuartilla
que la niña devoró
por venir de quien venía,
y por no besarle la boca
le tendió su mano blanca. . .
y el bufón le sonreía,
con fina careta
su faz ocultaba.
Y luego la condesita
puso su pié en el estribo
y a la carroza se alza,
y no volvió la cabeza
para sostener las lágrimas
en las cuencas de sus ojos
donde le tiemblan y danzan. . .
A un duque la han prometido,
la niña está apalabrada. . .
Y después desaparece
sin mediar ni una palabra.
. . . Y gira la noria
de la vieja historia.