viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
El camino me miente con sus ojos de piedra.
Sus veredas me esconden con hierbajos gigantes
los desvíos más sabios que el seño aconseja.
Miro a lo lejos y el final no me muestra
las notas zagueras de este extraño viaje.
Las noches me lucen con lágrimas de rocío,
los días se nublan y parecen ocasos.
Los pies me duelen como si fueran descalzos.
Las manos se enredan con el aire pegajoso.
Vi hermosos paisajes y se marcharon
con las prisas de los pasos de atrás,
y el recuerdo borroso de primaveras hermosas.
Pero lo que hace grande la senda
no es el marco que le limita.
Ni los ojos que lo escudriñan, ni su piso deforme,
ni su textura tortuosa, ni su silueta sinuosa,
ni lo lejos que llegue.
Son los pies que algún día
estuvieron o caminaron a tu lado.
Creando y curando heridas.
Alimentando tu alma en sus pasos.
Sus veredas me esconden con hierbajos gigantes
los desvíos más sabios que el seño aconseja.
Miro a lo lejos y el final no me muestra
las notas zagueras de este extraño viaje.
Las noches me lucen con lágrimas de rocío,
los días se nublan y parecen ocasos.
Los pies me duelen como si fueran descalzos.
Las manos se enredan con el aire pegajoso.
Vi hermosos paisajes y se marcharon
con las prisas de los pasos de atrás,
y el recuerdo borroso de primaveras hermosas.
Pero lo que hace grande la senda
no es el marco que le limita.
Ni los ojos que lo escudriñan, ni su piso deforme,
ni su textura tortuosa, ni su silueta sinuosa,
ni lo lejos que llegue.
Son los pies que algún día
estuvieron o caminaron a tu lado.
Creando y curando heridas.
Alimentando tu alma en sus pasos.