I.M.S.T.
Avanza siempre desde el respeto
cuenta que el sol alumbró mi cuna sobre una
pelada tierra.
Nací libre como el viento de las selvas antioqueñas.
Como el cóndor de los Andes que de monte
en monte vuela.
Pichón de Águila que nace sobre el pico
de una peña siempre le gustan las cumbres
donde los vientos refrescan.
Amo el sol porque anda libre sobre la azulada esfera,
al huracán porque silva con libertad en la selva.
El hacha de mis mayores me dejaron por herencia,
la quiero porque en sus golpes libres acentos resuenan.
Forjen despotas tiranos largas y ruedas cadenas
para el esclavo que humilde sus pies de rodillas besa,
yo que nací altivo y libre sobre una sierra antioqueña,
llevo el hierro entre las manos porque en el cuello me pesa.
Cuando desciendo hasta el valle y oigo tocar la corneta
subo a las montañas a dar el grito de ¡Alerta!
Muchos les digo a todos los vecinos de la selvas
la corneta esta sonando, tiranos hay en la tierra.
Mis compañeros alegres el hacha en el monte dejan,
para empuñar en sus manos la lanza que al sol platea.
Con el morral a la espalda cruzamos llanos y cuestas
y atravesamos montañas y anchos ríos y altas sierras
y cuando al fin divisamos allá en la llanura extensa
las toldas del enemigo que entre humo y gente blanquea,
volamos como huracanes regados sobre la tierra y
¡Ay del que espera el empuje de nuestras lanzas revueltas!
Perdonamos al rendido porque también hay nobleza
en los bravos corazones que nutren las viejas selvas.
Cuando volvemos triunfantes, las niñas de las aldeas
ciñen coronas de flores a nuestras frentes serenas.
A la luz de alegre tarde, pálida, bronceada, fresca
de la montaña en la cima nuestras cabañas blanquean.
Bajamos cantando al valle porque el corazón se alegra,
porque siempre arranca gritos la vista de nuestra tierra.
Es la oración las campanas con golpes pausados suenan,
con el morral a la espalda vamos subiendo la cuesta,.
Las brisas de la colinas bajan cargadas de esencia.
La luna brilla redonda y el camino amarillea.
Ladran alegres los perros detrás de las arboledas.
El corazón oprimido de gozo palpita y tiembla.
Caminamos, caminamos y blanquean y blanquean
y se abren con ruido de las cabañas las puertas.
Lágrimas, gritos, suspiros, besos y sonrisas tiernas,
entre apretados abrazos y entre emociones revientan.
¡Oh libertad que perfumas las montañas de mi tierra
deja que aspiren mis hijos tus olorosas esencias!