El hombre del porsaco
Poeta recién llegado
Como cada primavera el suegro nos ha dejado,
ya es como una tradición de las veces que ha palmado.
Lo hallamos siempre abrazado a su caja de madera
la que agarra con tal fuerza que ni la muerte libera.
Su catalepsia nos tiene en un parque de atracciones,
con su marcha las subidas, con su vuelta los bajones.
Dice morir por nosotros, le gusta vernos reunidos
aunque sea velando a un muerto durante tres días seguidos.
Nos obliga a estar presentes y pobre del que no esté
porque el tío pasa lista en cuanto se pone en pie.
Y encima hemos descubierto que la está cascando adrede,
se unta polvo de vudú y por eso se nos muere.
Por tanto hemos decidido que éste ya no da mas guerra,
nada de esperar tres días, mañana mismo se entierra.
Preparo café caliente pues la noche va a ser larga
y entre todos intentamos coger la caja de marras.
Mas no hallamos forma humana de arrancarla de sus brazos;
vamos a saber que hay dentro aunque sea a martillazos.
Un fuerte golpe en la tapa y el misterio se descubre
al ser liberado al aire el polvo que nos recubre.
Cuando recobré el sentido vi que estaba sepultado
y de los míos oía sus gritos desesperados.
Nos han enterrado vivos y el oxígeno se acaba,
ya estamos todos reunidos como al suegro le gustaba.
Y entre los gritos de horror oigo su risa infernal
retumbando entre los muros del panteón familiar.
ya es como una tradición de las veces que ha palmado.
Lo hallamos siempre abrazado a su caja de madera
la que agarra con tal fuerza que ni la muerte libera.
Su catalepsia nos tiene en un parque de atracciones,
con su marcha las subidas, con su vuelta los bajones.
Dice morir por nosotros, le gusta vernos reunidos
aunque sea velando a un muerto durante tres días seguidos.
Nos obliga a estar presentes y pobre del que no esté
porque el tío pasa lista en cuanto se pone en pie.
Y encima hemos descubierto que la está cascando adrede,
se unta polvo de vudú y por eso se nos muere.
Por tanto hemos decidido que éste ya no da mas guerra,
nada de esperar tres días, mañana mismo se entierra.
Preparo café caliente pues la noche va a ser larga
y entre todos intentamos coger la caja de marras.
Mas no hallamos forma humana de arrancarla de sus brazos;
vamos a saber que hay dentro aunque sea a martillazos.
Un fuerte golpe en la tapa y el misterio se descubre
al ser liberado al aire el polvo que nos recubre.
Cuando recobré el sentido vi que estaba sepultado
y de los míos oía sus gritos desesperados.
Nos han enterrado vivos y el oxígeno se acaba,
ya estamos todos reunidos como al suegro le gustaba.
Y entre los gritos de horror oigo su risa infernal
retumbando entre los muros del panteón familiar.