Bolivar F. Martinez
Poeta adicto al portal
El cementerio de las moscas
A veces, cuando en calma,
inmersa en el silencio,
la mente se cuestiona
de los tristes momentos
que impactan una vida:
la muerte de los padres,
de queridos hermanos,
de una pequeña hija.
Toda tragedia troncha las flores preferidas
y nos deja las zarsas que producen,
heridas que aunque cierran
afloran espontáneas si al tiempo las olvidas.
El Tiempo, amo y señor del cuerpo;
que todo lo comienza,
que todo lo transforma,
que todo lo culmina;
me dió lechos de ensueño
de arropante tibieza
y alucinantes visos de color y alegria
cual los ortos y ocasos de soles tropicales
hendidos en los mares de azules horizontes;
pero que en este día, se vuelven tan contrarios,
con los negros festones de corolas marchitas
carentes de color, sin olor, deslucidas.
Aun cuando se dobla el cuerpo, en su lucha transpira;
se aferra a los recuerdos de tantas ilusiones
que quisiera decir que fueron cual palomas
que volaron al cielo en rapida subida;
mas ahora que el peso de los años
mi arrogancia ha diezmado
las veo como moscas que yacen en el suelo,
con las patas arriba como cruces erectas
de tumbas olvidadas, con sus viejos senderos y sus baldosas frias
sobre el extenso campo de mi azarosa vida.
inmersa en el silencio,
la mente se cuestiona
de los tristes momentos
que impactan una vida:
la muerte de los padres,
de queridos hermanos,
de una pequeña hija.
Toda tragedia troncha las flores preferidas
y nos deja las zarsas que producen,
heridas que aunque cierran
afloran espontáneas si al tiempo las olvidas.
El Tiempo, amo y señor del cuerpo;
que todo lo comienza,
que todo lo transforma,
que todo lo culmina;
me dió lechos de ensueño
de arropante tibieza
y alucinantes visos de color y alegria
cual los ortos y ocasos de soles tropicales
hendidos en los mares de azules horizontes;
pero que en este día, se vuelven tan contrarios,
con los negros festones de corolas marchitas
carentes de color, sin olor, deslucidas.
Aun cuando se dobla el cuerpo, en su lucha transpira;
se aferra a los recuerdos de tantas ilusiones
que quisiera decir que fueron cual palomas
que volaron al cielo en rapida subida;
mas ahora que el peso de los años
mi arrogancia ha diezmado
las veo como moscas que yacen en el suelo,
con las patas arriba como cruces erectas
de tumbas olvidadas, con sus viejos senderos y sus baldosas frias
sobre el extenso campo de mi azarosa vida.
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