Aisha Baranowska
Poeta que considera el portal su segunda casa
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El sol, ardiente fuego, junto a la tierra
silenciosa al atardecer,
sediente de ese encuentro, una puesta del sol -
el cielo se enciende y se abren las puertas
del horizonte, al ver el velo de noche caer...
Bajo el abrigo de oscuridad,
el cielo y la tierra se unen -
hasta que los separe el día a la alborada,
hasta que la noche misteriosa
se esfume en la nada...
En este silencio se oyen
todos los latidos del corazón inquieto...
La música del alma en todos sus colores...
Mientras duermen los bosques llenos de flores,
los ríos y océanes, mares y desiertos -
no hay testigos; el cielo y la tierra,
los únicos despiertos,
unidos por el palio de la noche -
esperando el amanecer,
gozan de su compañía...
El viento canta, se extingue el fuego -
bailan árboles en perfecta armonía;
el mundo duerme y nadie lo sabe,
y nadie se imagina... El cielo y la tierra,
en su danza oscura -
juntos, hasta el llegar del día...
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[19-07-2012]
El sol, ardiente fuego, junto a la tierra
silenciosa al atardecer,
sediente de ese encuentro, una puesta del sol -
el cielo se enciende y se abren las puertas
del horizonte, al ver el velo de noche caer...
Bajo el abrigo de oscuridad,
el cielo y la tierra se unen -
hasta que los separe el día a la alborada,
hasta que la noche misteriosa
se esfume en la nada...
En este silencio se oyen
todos los latidos del corazón inquieto...
La música del alma en todos sus colores...
Mientras duermen los bosques llenos de flores,
los ríos y océanes, mares y desiertos -
no hay testigos; el cielo y la tierra,
los únicos despiertos,
unidos por el palio de la noche -
esperando el amanecer,
gozan de su compañía...
El viento canta, se extingue el fuego -
bailan árboles en perfecta armonía;
el mundo duerme y nadie lo sabe,
y nadie se imagina... El cielo y la tierra,
en su danza oscura -
juntos, hasta el llegar del día...
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[19-07-2012]