jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
me pone triste pensar
lo vano que ya resulta
lo inútil que será ya para siempre
sentir lo que siento por ti
-amor, pasión, esa cosa
que te cambia la vida-
en esta noche mojada
en medio de la carretera
los litros de combustible derramado
yo dentro del auto con el volante
incrustado en mis costillas
recordando que apenas hace una hora estuve
contigo sentados afuera de tu casa
hablando de lo que hiciste durante el día
tus dedos jugando con los míos
un tirante de tu blusa abajo
el olor de la lluvia ya próxima
mi ocurrencia de invitarte a cenar
y luego ya dentro del coche
la forma cómo te brillaban los ojos
al hablar de lo que haríamos si acaso
algún día llegáramos a casarnos
de la casa donde viviríamos
de los hijos que tendríamos
una niña que tuviera tu sonrisa
un niño al que le gustara bailar
me pone triste y enfermo
mientras los grillos cantan escondidos
entre la hierba que crece a un lado de la carretera
un poco más allá del punto dónde tú estás ahora
-o más bien tu cuerpo quebrado en extraños ángulos
mal aterrizado después de salir volando
a través del parabrisas roto tras el golpe-
me pone triste y pesaroso
no haberte dicho nunca antes
no haberte dicho cuando aún era tiempo
de colocarte el cinturón de seguridad
que de las 15 veces que tomé la prueba
del carnet de conducir
mi puntaje siempre resultó ser cada vez
el más bajo de la historia
desde que se inventó el automovil
lo vano que ya resulta
lo inútil que será ya para siempre
sentir lo que siento por ti
-amor, pasión, esa cosa
que te cambia la vida-
en esta noche mojada
en medio de la carretera
los litros de combustible derramado
yo dentro del auto con el volante
incrustado en mis costillas
recordando que apenas hace una hora estuve
contigo sentados afuera de tu casa
hablando de lo que hiciste durante el día
tus dedos jugando con los míos
un tirante de tu blusa abajo
el olor de la lluvia ya próxima
mi ocurrencia de invitarte a cenar
y luego ya dentro del coche
la forma cómo te brillaban los ojos
al hablar de lo que haríamos si acaso
algún día llegáramos a casarnos
de la casa donde viviríamos
de los hijos que tendríamos
una niña que tuviera tu sonrisa
un niño al que le gustara bailar
me pone triste y enfermo
mientras los grillos cantan escondidos
entre la hierba que crece a un lado de la carretera
un poco más allá del punto dónde tú estás ahora
-o más bien tu cuerpo quebrado en extraños ángulos
mal aterrizado después de salir volando
a través del parabrisas roto tras el golpe-
me pone triste y pesaroso
no haberte dicho nunca antes
no haberte dicho cuando aún era tiempo
de colocarte el cinturón de seguridad
que de las 15 veces que tomé la prueba
del carnet de conducir
mi puntaje siempre resultó ser cada vez
el más bajo de la historia
desde que se inventó el automovil
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