Nommo
Poeta veterano en el portal
Lo prometido es deuda: Bienvenidos a mi feudo.
Soy un señor de capital importancia.
Dueño de toda Francia, como el augusto rey Sol.
L ´etat c´est moi. Eso decía: El Estado soy yo.
Les invito a mi fiesta particular, en los jardines de Versalles.
Ahí, cuido los arbustos, con todo lujo de detalles.
Servirán mis esbirros, copas de gelatina de fresa.
También hay yogur natural y granizada de limón.
Necesito socios para un nuevo negocio. Venid: Os explicaré cómo será mi empresa.
Quiero conquistar el mundo. Pues me parece muy fecundo.
Por lo visto, hay mujeres desnudas de muy buen ver, en muchas islas lejanas.
Claro está que no debemos conquistarlas, de buena mañana.
Sino después del almuerzo, para andar sobre seguro.
Si nos dan permiso, abriremos una puerta en cada muro.
Para que cada frontera se desmorone, y hablemos todos, un mismo idioma. El de los melones.
El mismo que hablan el kiwi y las almejas.
Las ostras o los mejillones.
La banana y el fresón...
La nata montada o la mostaza picante.
¿ Por qué os indignáis ? Os amo, tal y como sois: Míos. ¿ Cómo que no soy potente ?
¿ Acaso no supone un desafío, mi ponencia ?
Mi exposición, o salmo de inteligencia.
Mi eclesiástico himno salomónico.
Como los aviones Concorde, que eran super-sónicos...
Y sin afanes bélicos. Solamente, el bienestar de cada comunidad.
Soy un señor de capital importancia.
Dueño de toda Francia, como el augusto rey Sol.
L ´etat c´est moi. Eso decía: El Estado soy yo.
Les invito a mi fiesta particular, en los jardines de Versalles.
Ahí, cuido los arbustos, con todo lujo de detalles.
Servirán mis esbirros, copas de gelatina de fresa.
También hay yogur natural y granizada de limón.
Necesito socios para un nuevo negocio. Venid: Os explicaré cómo será mi empresa.
Quiero conquistar el mundo. Pues me parece muy fecundo.
Por lo visto, hay mujeres desnudas de muy buen ver, en muchas islas lejanas.
Claro está que no debemos conquistarlas, de buena mañana.
Sino después del almuerzo, para andar sobre seguro.
Si nos dan permiso, abriremos una puerta en cada muro.
Para que cada frontera se desmorone, y hablemos todos, un mismo idioma. El de los melones.
El mismo que hablan el kiwi y las almejas.
Las ostras o los mejillones.
La banana y el fresón...
La nata montada o la mostaza picante.
¿ Por qué os indignáis ? Os amo, tal y como sois: Míos. ¿ Cómo que no soy potente ?
¿ Acaso no supone un desafío, mi ponencia ?
Mi exposición, o salmo de inteligencia.
Mi eclesiástico himno salomónico.
Como los aviones Concorde, que eran super-sónicos...
Y sin afanes bélicos. Solamente, el bienestar de cada comunidad.
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