El color de tu ciudad

El Hombre del pañuelo

Poeta recién llegado
No sé en qué momento pasamos de buscarnos
a encontrarnos.
Pero si sé que a ese momento le podía llamar hogar.

Recuerdo que me invitaste a tu ciudad,
me dejaste mirar por tus ventanas,
pasear tus calles
y quedarme a vivir.

Yo hice un pequeño jardín de dos,
para que pudiesemos ser uno,
y tú,
sin soltarme la mano,
te tumbaste a mi lado a descansar.

Plantamos sueños y sembramos alegría,
y cuando llegaban las tormentas,
en vez de huir,
nos mirábamos a los ojos,
y eso bastaba.

Empecé a acompasar mi vida a la tuya,
y poco a poco iba confundiendo mis manos con las tuyas,
hasta el punto
en el que al hablar de mi,
siempre lo hacía con tu nombre.
 
No sé en qué momento pasamos de buscarnos
a encontrarnos.
Pero si sé que a ese momento le podía llamar hogar.

Recuerdo que me invitaste a tu ciudad,
me dejaste mirar por tus ventanas,
pasear tus calles
y quedarme a vivir.

Yo hice un pequeño jardín de dos,
para que pudiesemos ser uno,
y tú,
sin soltarme la mano,
te tumbaste a mi lado a descansar.

Plantamos sueños y sembramos alegría,
y cuando llegaban las tormentas,
en vez de huir,
nos mirábamos a los ojos,
y eso bastaba.

Empecé a acompasar mi vida a la tuya,
y poco a poco iba confundiendo mis manos con las tuyas,
hasta el punto
en el que al hablar de mi,
siempre lo hacía con tu nombre.
Qué hermosísimo, de verdad que me has hecho sentir algo lindo. Un gusto pasar por acá y leerte.
 

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