Otra vez el, siempre el,
Prendido en la solapa de mi vida,
Hilvanado a las emociones,
Latiendo al compás de mis turbaciones,
Acariciando, Con mano suave,
La olvidada pasión, Insuflando aire fresco
En la abrasadora soledad
Con calma, deleitándose en la sensación consentida
Siempre ahogada en un mar de confusión.
Las pupilas fijas, en el horizonte del alma.
Y una vez más, la duda, los pesares, la entereza,
Apenas un instante, en el infinito tiempo,
Siento el roce de sus labios, ahítos de ardor,
Y vuela majestuoso el cóndor,
Sobre las montañas escarpadas
Lejano en su majestad, inalcanzable,
ajeno, al triste peregrinar de los mortales
Prendido en la solapa de mi vida,
Hilvanado a las emociones,
Latiendo al compás de mis turbaciones,
Acariciando, Con mano suave,
La olvidada pasión, Insuflando aire fresco
En la abrasadora soledad
Con calma, deleitándose en la sensación consentida
Siempre ahogada en un mar de confusión.
Las pupilas fijas, en el horizonte del alma.
Y una vez más, la duda, los pesares, la entereza,
Apenas un instante, en el infinito tiempo,
Siento el roce de sus labios, ahítos de ardor,
Y vuela majestuoso el cóndor,
Sobre las montañas escarpadas
Lejano en su majestad, inalcanzable,
ajeno, al triste peregrinar de los mortales