Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ya,
no me quedan suertes.
Ni gestos.
Acciones, ni temas míos
que te interesen.
Y menos... mis besos.
Tú, ¡ya no me quieres!
¿Y porque será,
que cuando entre dos
un amor muere,
solo uno ha de llorarlo?
Tú, ya no me quieres...
Y yo, ¡estoy llorando!
¿Cual, será ese río
que te está llevando...?
Que no me das tiempo
ni oportunidad
de tomar mi curso
para deslumbrarte.
Así,
como lo hice antes.
Cuando yo, fui el río
que acunó en su fuerza
tu fragilidad.
Si. Ya todo es inútil...
Alguien puso dique
a mi felicidad.
¡Pienso y desespero!
Y decido que:
si ya no me quieres,
yo, así... ¡No me quiero!
...................................
Y me dice el dique:
-Poeta, no tengo la culpa.
Sucede que a ella,
no le basta tu cauce
de lloroso desborde.
Ni tus vanos versos
resaca de encantos.
Pues, para su lecho,
¡la reclama el mar!
¡Rudo poeta ese!
De bruta inspiración
y grito natural.
Para quien, tú eres,
débil oponente. Pues,
si tu amor es dulce
poesía rebuscada
de pronto empalago,
él, declama de vientos,
¡agallas! y sal.
En él, (quieras tú, o no)
muere tu confluencia
torpe y resentida
en dispersión fugaz.
¡Claro, que no bastan
tus sedados besos!
Pues, un beso suyo...
¡Es tromba pasional!
¡Déjala que parta!
Preserva tu orgullo.
Desiste, en revelar
con tu arremolinado,
sensiblero despecho
de eufemismo en penas,
¡el instinto turbio
de tu lodazal!
©Juan Oriental
no me quedan suertes.
Ni gestos.
Acciones, ni temas míos
que te interesen.
Y menos... mis besos.
Tú, ¡ya no me quieres!
¿Y porque será,
que cuando entre dos
un amor muere,
solo uno ha de llorarlo?
Tú, ya no me quieres...
Y yo, ¡estoy llorando!
¿Cual, será ese río
que te está llevando...?
Que no me das tiempo
ni oportunidad
de tomar mi curso
para deslumbrarte.
Así,
como lo hice antes.
Cuando yo, fui el río
que acunó en su fuerza
tu fragilidad.
Si. Ya todo es inútil...
Alguien puso dique
a mi felicidad.
¡Pienso y desespero!
Y decido que:
si ya no me quieres,
yo, así... ¡No me quiero!
...................................
Y me dice el dique:
-Poeta, no tengo la culpa.
Sucede que a ella,
no le basta tu cauce
de lloroso desborde.
Ni tus vanos versos
resaca de encantos.
Pues, para su lecho,
¡la reclama el mar!
¡Rudo poeta ese!
De bruta inspiración
y grito natural.
Para quien, tú eres,
débil oponente. Pues,
si tu amor es dulce
poesía rebuscada
de pronto empalago,
él, declama de vientos,
¡agallas! y sal.
En él, (quieras tú, o no)
muere tu confluencia
torpe y resentida
en dispersión fugaz.
¡Claro, que no bastan
tus sedados besos!
Pues, un beso suyo...
¡Es tromba pasional!
¡Déjala que parta!
Preserva tu orgullo.
Desiste, en revelar
con tu arremolinado,
sensiblero despecho
de eufemismo en penas,
¡el instinto turbio
de tu lodazal!
©Juan Oriental