Roída en sus magras carnes por la dentadura postiza del viejo anacoreta,la mujer de servil semblante meneaba sus enormes senos hasta cubrir la faz completa de nuestro desesperado religioso.Este no paraba de hincar el artificial diente.Hasta que una mano huesuda se posó sobre su flaco hombro,y un chismoso susurro heló la sangre cálida que hasta entonces corría por sus venas de delincuente religioso.Entonces se dio la vuelta y vio asombrado y petrificado un esqueleto de amarillento color.Comenzó nuestro personaje a ulular de terror,mas el conglomerado de huesos turbios lo seguía mientras reía a mandíbula batiente.Vio entonces un profundo precipicio de fosa sepulcral y se lanzó en caída libre,mientras un alarido espacial traqueteaba en el horizonte de negro candil humeante.Se escuchó el solemne eco de la caída de nuestro achacoso desdentado,y la osamenta lo siguió tras el reguero de aroma infernal.