Cuando el corazón
no palpita de amor
al oír tu voz
a lo lejos;
cuando el alma
se aquieta
en tu ausencia,
como barco que
en aguas mansas navega;
cuando no hay nada
que mueva a la lucha,
a la risa,
al ardor y al deseo;
entonces, es que
todo está acabado.
Es que ya no queda
en mi ni el
más leve anhelo