Mientras se perfilaba en la materia
otra oportunidad de actualizar
la vigencia del sur, la anatomía
de tu regreso en la esperanza,
se caía del rostro horizontal
el testimonio azul de la jornada.
En la crucifixión de la línea sagrada
con la línea imposible del destino
clavaba el testamento verde
del hueco de las palmas de mis manos,
pero el punto de estigma
te negaba
el mestizaje del sabor de mis caricias.
No aparecía la supervivencia
en la virginidad del barlovento
que traía en sus ráfagas añiles
el silencio naranja del crepúsculo.
Y en él una mirada larga y vana
un llamamiento tímido a tus ojos,
tenaz en la mortaja del viaje.
Y al fin apareció la erosión amarilla
de la rampa celeste, casi idéntica
al clímax de la lluvia
que arrastra en su caída el horizonte,
y de sus excedentes colorados
incorporaste el rumbo de la sangre,
el deshielo ocular de tu mirada
que había terminado su quietud de barbecho,
y un trato con las nubes
para el riego con tinta transparente
del azar en la médula del tiempo.
Otra convocatoria en las raíces
dormidas bajo el polvo de las brújulas
brotaba en el tejido del encuentro
como las sombras húmedas del aire...
Y cuando desperté todo era un sueño
y no éramos de nuevo aquellos aprendices.
otra oportunidad de actualizar
la vigencia del sur, la anatomía
de tu regreso en la esperanza,
se caía del rostro horizontal
el testimonio azul de la jornada.
En la crucifixión de la línea sagrada
con la línea imposible del destino
clavaba el testamento verde
del hueco de las palmas de mis manos,
pero el punto de estigma
te negaba
el mestizaje del sabor de mis caricias.
No aparecía la supervivencia
en la virginidad del barlovento
que traía en sus ráfagas añiles
el silencio naranja del crepúsculo.
Y en él una mirada larga y vana
un llamamiento tímido a tus ojos,
tenaz en la mortaja del viaje.
Y al fin apareció la erosión amarilla
de la rampa celeste, casi idéntica
al clímax de la lluvia
que arrastra en su caída el horizonte,
y de sus excedentes colorados
incorporaste el rumbo de la sangre,
el deshielo ocular de tu mirada
que había terminado su quietud de barbecho,
y un trato con las nubes
para el riego con tinta transparente
del azar en la médula del tiempo.
Otra convocatoria en las raíces
dormidas bajo el polvo de las brújulas
brotaba en el tejido del encuentro
como las sombras húmedas del aire...
Y cuando desperté todo era un sueño
y no éramos de nuevo aquellos aprendices.