Francisco Iván Pazualdo
Poeta veterano en el portal
El despertar de un sueño Dueto Francisco Iván Pazualdo/ Patricia Moren
Somos el delito que la distancia no levanta
ni por un segundo
nos condena, nos condena.
Somos prisioneros de sentimientos
infinitos como el tiempo
ese es nuestro mundo...
¿Y las horas del reloj?
aparte de horas, que nos marcan
¿Será el alma encadenada a una pared?
El reloj ya no marca la hora,
marca mi piel... ¿y mi alma?
mi alma se ha ido en un papel...
Somos la coma de algún renglón
que nos da de pausas
y un papel donde se nos queda
plegado el sentimiento.
Cuando escribo no te atrapo,
no te retengo en mis silencios,
pero de alguna manera estás aquí por un momento...
Cuando la herejía de la quimera
se hace una simple manera comunicación
un corazón nos rueda lejano.
Mi corazón se ve obligado
a unir el amor con el dolor,
pues aún sigo esperando tocar tus manos...
Mi afuera, el deseo de una tarde
poblarte de cercanía revelándote
mis más abismales intereses para contigo estar.
Pero no sé si en mi deambular
encuentre tus pasos y siguiéndote
llegue al fin al destino que soñé...
Sueño con el beso
que me de tu primer abrazo
y que en tu deambular, me encuentres.
Y que del sueño inconcluso
truncado por la distancia
a mi lado despiertes...
Despertare eterno
en el cuerpo que me aguarda
y una replica seremos de haber dormido
en la paciencia que nos ahorcaba.
Despierta, despierta ya!
que ahora estoy contigo,
que el abismo que nos separaba
ha desaparecido...
¡Desperté! y ya no dependemos del tiempo
ahora me compartes tu vida,
ahora somos dos juntos
¿Y la distancia?
se nos ha ido, se nos fue.
Ya es sólo un fantasma,
un pasado cruel
al que nunca quiero volver...
Ya es solo un codiciado adorno
del pasado
al que no quiero regresar nunca.
Una palabra que a tu lado olvidaré,
¿Qué es distancia?, ¿Qué es olvido?,
ya no lo quiero volver a saber...
Ya me se cerca de ti
las horas nefastas no perteneciendo
a tu lado, se fueron y se fueron
Somos el delito que la distancia no levanta
ni por un segundo
nos condena, nos condena.
Somos prisioneros de sentimientos
infinitos como el tiempo
ese es nuestro mundo...
¿Y las horas del reloj?
aparte de horas, que nos marcan
¿Será el alma encadenada a una pared?
El reloj ya no marca la hora,
marca mi piel... ¿y mi alma?
mi alma se ha ido en un papel...
Somos la coma de algún renglón
que nos da de pausas
y un papel donde se nos queda
plegado el sentimiento.
Cuando escribo no te atrapo,
no te retengo en mis silencios,
pero de alguna manera estás aquí por un momento...
Cuando la herejía de la quimera
se hace una simple manera comunicación
un corazón nos rueda lejano.
Mi corazón se ve obligado
a unir el amor con el dolor,
pues aún sigo esperando tocar tus manos...
Mi afuera, el deseo de una tarde
poblarte de cercanía revelándote
mis más abismales intereses para contigo estar.
Pero no sé si en mi deambular
encuentre tus pasos y siguiéndote
llegue al fin al destino que soñé...
Sueño con el beso
que me de tu primer abrazo
y que en tu deambular, me encuentres.
Y que del sueño inconcluso
truncado por la distancia
a mi lado despiertes...
Despertare eterno
en el cuerpo que me aguarda
y una replica seremos de haber dormido
en la paciencia que nos ahorcaba.
Despierta, despierta ya!
que ahora estoy contigo,
que el abismo que nos separaba
ha desaparecido...
¡Desperté! y ya no dependemos del tiempo
ahora me compartes tu vida,
ahora somos dos juntos
¿Y la distancia?
se nos ha ido, se nos fue.
Ya es sólo un fantasma,
un pasado cruel
al que nunca quiero volver...
Ya es solo un codiciado adorno
del pasado
al que no quiero regresar nunca.
Una palabra que a tu lado olvidaré,
¿Qué es distancia?, ¿Qué es olvido?,
ya no lo quiero volver a saber...
Ya me se cerca de ti
las horas nefastas no perteneciendo
a tu lado, se fueron y se fueron