Anais_nin
Poeta recién llegado
Mi niña... Mi niña... mi ausente niña.
La tarde cae a pedazos sobre mi vientre vacío.
Las carcajadas de los niños que juegan a lo lejos,
atraviesan mi pecho, haciendo eco en toda la habitación.
Mi dolorida espalda se rompe lentamente,
con el pesar de las horas y me convierto en recuerdo,
e inevitablemente me desvanezco…
Respiro hondo, y mi felicidad se desangra lentamente.
Recuerdo las ilusiones de verle tierna jugando por los pasillos de la casa,
y la vida se me escapa tempestuosamente por los ojos,
como quemando mi rostro
como vaciando el silencio de mi boca
como ahogando mi pena que
desesperada escapa para huir y no volver.
Destino: imposible es torcer el hierro de tu mano.
Tu sabiduría nos templa a golpes y en el fuego cual espadas.
¿Cuál es tu guerra destino, para qué tus armas?
Fortaleces mis huesos,
y me enseñas que no soy la dueña
ni de mis noches ni de mis días,
y me obligas a mirar al cielo
para calmar el dolor de mis heridas.
Me dejo caer en las alas del viento que mece mi tristeza,
y duermo… como dejándome mecer en los brazos de la eternidad,
como entregándome a tus pies.
Y por fin descaso a la sombra de la creación,
aprendiendo que la sabiduría no es el conocimiento,
sino entender que somos barro
y que es el alfarero quien nos da forma tiernamente…
y enseguida comprendo que quiero ser un vaso en Sus manos
para beber de la vida y dar de beber con mis propias manos…
La tarde cae a pedazos sobre mi vientre vacío.
Las carcajadas de los niños que juegan a lo lejos,
atraviesan mi pecho, haciendo eco en toda la habitación.
Mi dolorida espalda se rompe lentamente,
con el pesar de las horas y me convierto en recuerdo,
e inevitablemente me desvanezco…
Respiro hondo, y mi felicidad se desangra lentamente.
Recuerdo las ilusiones de verle tierna jugando por los pasillos de la casa,
y la vida se me escapa tempestuosamente por los ojos,
como quemando mi rostro
como vaciando el silencio de mi boca
como ahogando mi pena que
desesperada escapa para huir y no volver.
Destino: imposible es torcer el hierro de tu mano.
Tu sabiduría nos templa a golpes y en el fuego cual espadas.
¿Cuál es tu guerra destino, para qué tus armas?
Fortaleces mis huesos,
y me enseñas que no soy la dueña
ni de mis noches ni de mis días,
y me obligas a mirar al cielo
para calmar el dolor de mis heridas.
Me dejo caer en las alas del viento que mece mi tristeza,
y duermo… como dejándome mecer en los brazos de la eternidad,
como entregándome a tus pies.
Y por fin descaso a la sombra de la creación,
aprendiendo que la sabiduría no es el conocimiento,
sino entender que somos barro
y que es el alfarero quien nos da forma tiernamente…
y enseguida comprendo que quiero ser un vaso en Sus manos
para beber de la vida y dar de beber con mis propias manos…
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