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El enano de las cien cabezas

guillermuco

Poeta recién llegado
Mastico los corazones
de las hadas sin alma.
El enano de las cien cabezas
grita mi nombre,
yo,
cruzo el arcoiris que me lleva
a una cueva sin fondo.

El enano de las cien cabezas
escupe oro en sus mentiras
me miente de un valle con alma,
me miente que cruzando la cueva
las estrellas veré como antaño.

yo le corto una cabeza,
es el precio de las mentiras
que yo me creo sin piedad.

Enano de las cien cabezas menos una,
en tres días llegaré a mi destino
creo en ti
creo en tus mentiras,
porque es lo único que me queda
en este mundo sin valles
donde las estrellas brillaban antaño.

Pero la cabeza que te he cortado
son los miedos que siento,
sino vuelvo en cinco días
que son los días que estuve en su ciudad,
entra a buscar mi alma perdida.

Enterraré tu cabeza
al lado de mi cuerpo sin vida,
la dejaré para que a otra alma perdida
la engañes con tus mentiras de oro.

Camino entre la oscuridad
que todo lo llena
en esta cueva sin fondo.
Siento frío
siento el gélido aliento
de un aire del norte.

Camino sin ver
que es en verdad
como camino en mi día a día.
Camino y me topo,
me choco,
me caigo.

Estoy en el suelo,
tirito de dolor
porque el frío
ya es parte de mis huesos,
estalactitas internas
que se clavan en mi corazón.

Grito a la cueva maldita
no se seguir su camino,
ella me responde con el eco
de una voz olvidada.
Soy yo,
grito y me escucho,
antes solo escuchaba la soledad
de mi alma
entre el gentío de las calles
de ciudades sin nombre.

Toco mi mochila,
sigue conmigo,
todavía no la he perdido.
Allí guardo
a una estrella olvidada
e intento buscar
a la luna llena
que nunca encuentro.

Tengo tus palabras,
¿me llevarán a mi destino?.
Una vez me guiaron
para luego hacerme olvidar
cual era de verdad mi camino.

Pero confió en tus verbos
y me agarro a tus adjetivos.
Cojo la carta,
la leo.
No necesito la luz del día,
tus versos son mis recuerdos.

Canto tus palabras,
es un bello cantar
que hace a la estrella olvidada
volver a ser recordada.

Su luz crece y crece,
mi corazón se calienta,
las estalactitas de mi interior
son sangre que bulle,
sigo cantando mi cantar
en esta cueva sin fondo.

Veo un camino
y le sigo.
Me habla de otros hombres
que por su senda pasaron.

Hombres fuertes,
hombres valientes.
yo soy simplemente un hombre,
no soy ni fuerte ni valiente,
pero el camino me acoge.

La cueva se hace larga y dura.
Subo sus pendientes
que son muchas,
paso penurias.

Sigo andando,
pienso en ese valle con alma
que cuidará de mi
entre besos y caricias
que la brisa de su sonrisa
me levantaba cada mañana.

Encuentro huesos,
encuentro muerte.
Veo el dolor de otros
y siento el mío.

Mis pies sangran,
mi alma se cansa,
la estrella olvidada
se agota con mis palabras.

Me dice
que las palabras mueren.
Que los versos se apagan,
que mi cantar es bello y profundo
pero que el olvido
se encuentra en ellos.

Se va apagando lentamente,
dejando que la oscuridad vuelva
a ser el manto en mi camino,
vuelva a cubrir mis ojos
con la ceguera del olvido.

De repente un ola,
me golpea con dureza
el agua ahora me ahoga.

¿Qué hace el océano
en esta cueva profundo
donde el olvido existe,
donde nada es la vida,
siendo el mar
mi recuerdo de una playa inventada.?

Veo a una ninfa,
¿dónde estoy?,
¿tan largo ha sido mi andar
que me encuentro fatigado?.

No he comido
ni he bebido,
En cinco días y seis noches.
Son los días que le conté al enano
que aguantaría mi periplo.

Entonces,
¿dónde estoy?.
Quiero andar por esa cueva profunda,
pero la ninfa me ata con sus susurros,
me tiene entre sus besos
y me agarra con sus caricias.

Yo dejo que lama mi alma,
yo dejo que cante en el silencio.
Dejo que su cuerpo sea el mio
y sus cuentos mis historias.

Me enseña la luz de un sol,
de un sol azul oscuro.
Me dice que es mi nuevo sol
en donde tu sonrisa
será el calor de sus rayos.

Hay un lago helado,
donde me podré tumbar a dormir,
donde soñare con mis pasados
y hablaré a un viejo reviejo.

No existe ese valle con alma
lo borro
y creo una montaña.
Las estrellas de antaño
soy yo quien las creo
cada vez que digo tu nombre.
Infinitas estrellas.

El enano de las cien cabezas menos una,
entra el cueva helada,
sabe donde yo yazco sin alma,
sabe donde se encuentra su cabeza.

Entra hablando en su idioma
y el oro cae de su boca.
Sólo tiene que seguir las huellas
que mi alma despojada
ha dejado en esta cueva.
 
Guillermuco, esto que he leído es genial... francamente genial... Una gran alegría descubrirte hoy. Te seguiré leyendo, así que escribe muchoooooo. Felicidades
 
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