Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
A mi corazón le dieron ganas de latir y bombearte la sangre
y a mis pulmones ganas de vivir y respirarte,
mis ojos recién han comenzado a ver por ti una obra de arte
y mis manos tiemblan por salir corriendo y abrazarte.
Tengo mis mejillas rojas de rubor por pensarte
y mi nariz ya descubrió que hueles a ángel,
estamos todos listos esta vez, cambio y fuera,
¡qué hermosa que te ves!, déjame que te quiera.
Mi lengua prefiere poner su saliva en tus piernas
y mi imaginación te imagina desnuda y tú no te das cuenta
que provocas en todo mi cuerpo
una terrible reacción en cadena...
¡pero qué mujer! ¡confírmame que también pecas!...
Ayer hubo erupción en el punto más al Sur de mi hemisferio,
de tanto pensar en ti se encendió el vapor
y explotó libre cuando estaba hirviendo.
Mi estómago tiene antojos de un antojo de tu boca
y mi espalda algo tensa desde ya sólo reza
porque caiga tu ropa y tenerte así desnuda frente a mí
y comenzar un cuento con
"Érase una vez que me comiste y yo... y yo contento".
Fíjese usted, que apenas el domingo ayer
por teléfono le ha dado un subonazo de azúcar a mi suegra,
al enterarse que en la noche
a la buena de su hija yo le iba a servir de cena.
¡Ave María!... perdona la poesía tan obscena
que por culpa de esta mujer me invento...
apiádate de mí y cierra esa puerta que aquí
va a comenzar la escena más famosa
de la película roja "El escape líquido de un preso!.
y a mis pulmones ganas de vivir y respirarte,
mis ojos recién han comenzado a ver por ti una obra de arte
y mis manos tiemblan por salir corriendo y abrazarte.
Tengo mis mejillas rojas de rubor por pensarte
y mi nariz ya descubrió que hueles a ángel,
estamos todos listos esta vez, cambio y fuera,
¡qué hermosa que te ves!, déjame que te quiera.
Mi lengua prefiere poner su saliva en tus piernas
y mi imaginación te imagina desnuda y tú no te das cuenta
que provocas en todo mi cuerpo
una terrible reacción en cadena...
¡pero qué mujer! ¡confírmame que también pecas!...
Ayer hubo erupción en el punto más al Sur de mi hemisferio,
de tanto pensar en ti se encendió el vapor
y explotó libre cuando estaba hirviendo.
Mi estómago tiene antojos de un antojo de tu boca
y mi espalda algo tensa desde ya sólo reza
porque caiga tu ropa y tenerte así desnuda frente a mí
y comenzar un cuento con
"Érase una vez que me comiste y yo... y yo contento".
Fíjese usted, que apenas el domingo ayer
por teléfono le ha dado un subonazo de azúcar a mi suegra,
al enterarse que en la noche
a la buena de su hija yo le iba a servir de cena.
¡Ave María!... perdona la poesía tan obscena
que por culpa de esta mujer me invento...
apiádate de mí y cierra esa puerta que aquí
va a comenzar la escena más famosa
de la película roja "El escape líquido de un preso!.