Cuevano 46
Poeta fiel al portal
EL espacio que ocupa mi soledad se llama dolor.
El dolor traspira lagrimas, silencio, llenado de sal el amanecer.
El suspiro es el aire fresco para la hoguera interior es viento en la inmensidad de la duna dolorosa que esculpe tu voz.
En el desierto gélido hiriente, el eco solo evoca tu llanto, solo el grito lleno de dolor traspasa los sueños, la pesadilla y me regresa el eco en mi habitación, surge lastimoso en la penumbra de mí deambular, y tras la tasa en aumento
Es la habitación del desenfreno la que cobra la factura pendiente.
Entre papeles mal escritos, llenos de lágrimas, sudor, jadeos y piel, se derrama el líquido oscuro del café matutino, urgente para mantener el ritmo cardiaco dentro de la cordura.
Y despertar por fin de tu ausencia y caminar entre callejuelas y oscuridades, entre personajes, no escritos, y laberintos mudos.
Hasta que la memoria vea tu silueta y no sea posible borrarla y sentir tu perfume en cada bocanada de aire citadino.
Soy tu personaje en la novela rosa de tu mentira.
Soy el caballero andante de capa, de flores, soy el valiente que saqueara el corazón hasta la demencia, soy el que la llevara a la espera interminable, personaje efímero, que no vive tu historia, solo es un referente implícito de tu mirada perdida.
Llegada la luz del farol amarillo, retomo la leyenda de mi soledad, hasta el cansancio que vence los parpados para dar paso a la pesadilla