El espejo que no refleja a nadie

Rosa Reeder

Poeta que considera el portal su segunda casa
Frente al espejo que no refleja a nadie, uno comienza a preguntarse si realmente existe lo que mira. La superficie es pura, impecable, pero no hay imagen en ella, solo un vacío que invita a la reflexión. ¿Qué somos, sino una secuencia de imágenes que pasamos de un reflejo a otro? En un mundo donde todo se muestra, ¿quién se atreve a ser invisible?

Las personas que se miran en este espejo sienten que algo se disuelve en su interior, como si la certidumbre de ser alguien se esfumara poco a poco. El espejo no tiene la capacidad de captar la forma; su única función es despojar al espectador de sus certezas. ¿Es eso lo que somos? Un juego de sombras que solo existen cuando se les da forma, una multiplicidad de rostros que no tienen esencia más allá de lo que se refleja en los ojos ajenos.

Algunas almas se quedan frente a él por horas, intentando comprender su vacío. Se preguntan si este es el espejo de la verdad o simplemente un recordatorio de que, tal vez, no hay nada que reflejar, porque nunca hemos sido solo un rostro. Somos la pregunta, la duda perpetua, la existencia flotante entre lo que creemos ser y lo que nunca lograremos definir.

Porque, al final, el espejo no refleja a nadie. Solo a lo que nunca podremos entender.


Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados
 
Frente al espejo que no refleja a nadie, uno comienza a preguntarse si realmente existe lo que mira. La superficie es pura, impecable, pero no hay imagen en ella, solo un vacío que invita a la reflexión. ¿Qué somos, sino una secuencia de imágenes que pasamos de un reflejo a otro? En un mundo donde todo se muestra, ¿quién se atreve a ser invisible?

Las personas que se miran en este espejo sienten que algo se disuelve en su interior, como si la certidumbre de ser alguien se esfumara poco a poco. El espejo no tiene la capacidad de captar la forma; su única función es despojar al espectador de sus certezas. ¿Es eso lo que somos? Un juego de sombras que solo existen cuando se les da forma, una multiplicidad de rostros que no tienen esencia más allá de lo que se refleja en los ojos ajenos.

Algunas almas se quedan frente a él por horas, intentando comprender su vacío. Se preguntan si este es el espejo de la verdad o simplemente un recordatorio de que, tal vez, no hay nada que reflejar, porque nunca hemos sido solo un rostro. Somos la pregunta, la duda perpetua, la existencia flotante entre lo que creemos ser y lo que nunca lograremos definir.

Porque, al final, el espejo no refleja a nadie. Solo a lo que nunca podremos entender.


Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados
Me gusta ese espejo que lejos de ofrecer respuestas, desafía a sus observadores.

Saludos
 

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