wilson yupanqui
Poeta asiduo al portal
Para que perdure siempre escribí tu nombre
sobre una roca estéril en mitad del bosque,
cuyas letras se reflejan ondulantes
sobre la superficie azul del viejo estanque.
Cuando cae la tarde diariamente
hincado a sus orillas suelo hablarte:
¿Dónde estás tu?
Yo vengo un día tras otro a contemplarte
imaginando ver tu rostro en el fondo de sus aguas,
hermosa y pálida desde que bajan las sombras,
y el silencio se puebla de chillidos y ecos tropicales;
desde que el primer rayo tenue de luna
se desliza sutilmente entre las hojas de los árboles,
para anidarse sobre las aguas, reverberando tímidamente
en una suerte de fantasmas incorpóreos.
Donde estas tu?
Te hablo a ti mujer de mis anhelos,
ángel o demonio que en mis horas de ensueño
me amaste locamente hasta el delirio;
tu que en mi soledad me llamaste por mi nombre
con música celestial de tus labios de fuego,
cuyos besos marcaron mi destino.
Devuélveme las fuerzas, mujer yo te lo pido
devuélveme la existencia que perdí cuando tu te marchaste,
quiero otra vez sentir tus brazos liándose sobre mi cuello
devuélveme la felicidad eterna, la paz que nadie puede ofrecerme.
Yo te amo mas que cuando tu me amabas,
hechicera de corazones solitarios;
te hablo a ti con mi espíritu que viaja a tu presencia,
ven a curar la herida que sangra profusamente en mi costado
ven que gime el alma su estrofa melancólica,
deslizándose dolorosamente sobre el mar de la desesperanza;
ven y arranca de mi este sufrimiento artero
cara y cruz, agujero en las palmas de mis manos.
Soy juguete del destino y de tus inquietas latitudes
nido de angustias que se desgarran sin fin;
ven a mi, yo que voy dejando un hálito de vida en este estanque,
a quien muchas veces he preguntado
idealizando tu rostro como encontrarte,
y muchas veces como hoy le hablo ahora
si me recuerdas o sientes por mi un poco de cariño.
Se que una tarde he de encontrarte
sentada frente a la roca que tributa tu nombre,
o quizá dormida cansada del viaje
que ha de traerte a mi para cumplir mis sueños.
Vendrás a mi , estoy seguro, en cuerpo o en espíritu
ángel o demonio, pero al fin tu concisamente,
para abordar juntos la balsa del destino
y navegar buscando, para vivir otro horizonte
o para perdernos en el fondo del estanque,
al fin y al cabo sin tener que separarnos por nunca jamás.
sobre una roca estéril en mitad del bosque,
cuyas letras se reflejan ondulantes
sobre la superficie azul del viejo estanque.
Cuando cae la tarde diariamente
hincado a sus orillas suelo hablarte:
¿Dónde estás tu?
Yo vengo un día tras otro a contemplarte
imaginando ver tu rostro en el fondo de sus aguas,
hermosa y pálida desde que bajan las sombras,
y el silencio se puebla de chillidos y ecos tropicales;
desde que el primer rayo tenue de luna
se desliza sutilmente entre las hojas de los árboles,
para anidarse sobre las aguas, reverberando tímidamente
en una suerte de fantasmas incorpóreos.
Donde estas tu?
Te hablo a ti mujer de mis anhelos,
ángel o demonio que en mis horas de ensueño
me amaste locamente hasta el delirio;
tu que en mi soledad me llamaste por mi nombre
con música celestial de tus labios de fuego,
cuyos besos marcaron mi destino.
Devuélveme las fuerzas, mujer yo te lo pido
devuélveme la existencia que perdí cuando tu te marchaste,
quiero otra vez sentir tus brazos liándose sobre mi cuello
devuélveme la felicidad eterna, la paz que nadie puede ofrecerme.
Yo te amo mas que cuando tu me amabas,
hechicera de corazones solitarios;
te hablo a ti con mi espíritu que viaja a tu presencia,
ven a curar la herida que sangra profusamente en mi costado
ven que gime el alma su estrofa melancólica,
deslizándose dolorosamente sobre el mar de la desesperanza;
ven y arranca de mi este sufrimiento artero
cara y cruz, agujero en las palmas de mis manos.
Soy juguete del destino y de tus inquietas latitudes
nido de angustias que se desgarran sin fin;
ven a mi, yo que voy dejando un hálito de vida en este estanque,
a quien muchas veces he preguntado
idealizando tu rostro como encontrarte,
y muchas veces como hoy le hablo ahora
si me recuerdas o sientes por mi un poco de cariño.
Se que una tarde he de encontrarte
sentada frente a la roca que tributa tu nombre,
o quizá dormida cansada del viaje
que ha de traerte a mi para cumplir mis sueños.
Vendrás a mi , estoy seguro, en cuerpo o en espíritu
ángel o demonio, pero al fin tu concisamente,
para abordar juntos la balsa del destino
y navegar buscando, para vivir otro horizonte
o para perdernos en el fondo del estanque,
al fin y al cabo sin tener que separarnos por nunca jamás.
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